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logró agilitar sus intermedios aunque el texto tiene altibajos
La Mojigata propone ácido
para nuestras instituciones
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La Mojigata consolidó con su actuación la sensación de estar frente a uno de los libretos más efectivos de la categoría de murgas, en un espectáculo que conjugó, además, una interpretación colectiva muy convincente y un coro que logró transmitir acertadamente los diferentes climas. |

Varios lenguajes se conjugan en la escena. |
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Este año, La Mojigata adopta un estilo diferente al planteado en años anteriores. Propone un lenguaje más abierto, menos "venenoso" desde el lado conceptual en lo que refiere a la crítica (aunque está presente con intensidad) y logra una mayor llegada con el público.
En la escena conviven varios lenguajes: la escenografía diseña un universo de señales que avisan al espectador que de eso se trata el show: de señales que habrá que descifrar y completar con mucha subjetividad.
Escénicamente hay pequeñas trampas que guían al espectador en un relato que tiene la virtud de sustituir lo explicado por lo sugerente (puños cerrados cuando hablan de las formas de protesta, instrumentos musicales para referirse a las definiciones de una murga, una piola que sostiene un brazo quebrado después de que la pareja se disuelve y que se transforma en el bigote de un adulto cuando la murga opina y satiriza la poca capacidad de procrear del uruguayo).
El "decir" de la murga busca atacar varios discursos y lugares impuestos en el imaginario, validados por éste y consagrados como instituciones. Como la historia empieza por casa, la definición y el concepto de la murga es atacado en el primer tiro así como también las formas de protesta instaladas; lo que representa el Carnaval como institución "popular", el matrimonio también como institución o las frases comunes e imágenes a las que recurrimos día a día.
Realiza todos estos pasajes (8 actos) con un aire de sátira, donde se mezcla la ironía y el sarcasmo todo el tiempo
La Mojigata, aún dentro de un discurso festivo, mantiene una idea pesimista de la sociedad actual, criticando el estancamiento generacional y la falta de población que nos coloca al borde de un abismo, o sea la "extinción".
Festejamos ese tono casi sin darnos cuenta de que la murga expresa brutalmente el concepto de "la nada…"
El espectáculo presenta altísimos pasajes de humor, y aunque las dosis de ácido las bebemos mezcladas con agua tónica este año, no por ello deja de ser un referente de crítica, talento creativo y comunicación.
sarabanda confirmó
Sarabanda repitió su muy buena presentación de la primera vuelta en todos los aspectos, confirmándo que estamos frente a una de las mejores puestas en escena de la categoría y del Carnaval. Incluso el trabajo de su coro, fue nuevamente excepcional. Trata de un líder espiritual, bondadoso, inmaculado, que enfrenta la humanidad para interponer su discurso frente a los valores que predominan en la actualidad.
Su relato, aunque elemental (en el fondo es una confrontación de valores que representan el bien contra sus opuestos), tiene una notoria exigencia actoral. Para la representación del concepto de "masas" expone muchos personajes de forma ordenada, utilizando la espacialidad escénica en toda sus dimensiones y dotándola también de un carácter simbólico: el profeta deambula en "el arriba" para reforzar la idea de que su condición es casi divina, a diferencia del "gentío" que trabaja en el suelo. Pese a estas virtudes, la comparsa dedica su primera parte a describir las condiciones y virtudes de este líder y demora en generar accidentes dramáticos que nos vinculen con la propuesta. Los cuadros, aunque insertos en una singular belleza audiovisual tienden a repetirse y por momentos nos da la sensación de estar girando sobre un círculo.
Cuando finalmente aflora la trama, el personaje enfrenta los vicios de la actualidad, donde otra vez la comparsa recurre a los aciertos simbólicos: el profeta alienta el pensamiento como agente de cambio, el individuo como agente movilizador de la sociedad, y el concepto de que lo material y espiritual son parte de un todo. El espectáculo también admite una lectura transversal. La construcción de la figura del Mesías podría asociarse al discurso político predominante por la izquierda hasta el triunfo electoral, la idea del cambio está expresamente marcada a través de su libreto, y el hecho de que la masa asume cierto descontento podría ser afín a un posicionamiento muy actual, que aunque escondido, es perceptible. |
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