El libreto de Jorge Medina conjuga humor inteligente con mensaje crítico

Crazy’s: El elogio de la locura

>>
>> Reducir Ampliar Cambiar tamaño

 

Aviso al espectador: si va con ganas de ver un espectáculo al estilo de “los parodistas de ahora”, arranque para otro lado. Si busca parodismo de gomina y bíceps marcados, se equivocó de lugar.



Un espectáculo de altísima calidad dio Crazy´s en su presentación para el concurso oficial.
Si precisa dos cuentitos bien armados, con humor liviano y gesto de comedia de estudiantina no elija a Crazy’s porque puede irse muy desencantado. Los parodistas que regresan bajo la dirección de Fernando Couto buscan inflar otra clase de musculatura, más sensible, con otros tiempos de actuación, con otra estrategia persuasiva. En definitiva, otros contenidos.

Parodiar la locura tiene en este caso un doble requerimiento: por un lado una dramaturgia cuidada, palabra por palabra, y una dinámica que permite procesar toda la información que Medina imprime a su texto.

El primer camino es fácil, ya que el libretista es astuto, sagaz, inteligente. Capaz de recoger dos temas bien aislados como “Hombre mirando al sudeste” y “Ran”, y unirlos en una trama que lleva al espectador a cambios narrativos a los que no está acostumbrado, ya que las historias se entremezclan varias veces. Medina nos hace reír, mirarnos en la locura del otro, que es parte de nuestra locura y jugar con reflexiones cuyos valores son más elevados, ya que los dos locos de las parodias son la representación del mal, en la figura del general interpretado por Miguel “Pendota Meneses” y la bondad de Rantés, que encarna Fernando Vannet, a quienes la muerte los espera “agonizando entre la existencia y la nada”. Diremos entonces que Medina, además de un notable libretista es, en el trillo de Erasmo de Rotterdam en El elogio de la Locura, un profundo analista de las conductas del ser humano.

En el segundo camino (la realización propiamente) el estilo es muy novedoso, porque en Carnaval, dinámica es sinónimo de pista de atletismo. Pero aun cuando es necesario cierto respiro y tiempo para procesar los datos, la aventura transcurrió con una especial falta de ritmo, a veces, incluso, desinflando parcialmente las enormes virtudes de la obra que solo el generosísimo talante cómico del elenco pudo disimular. La cuarteta de Miguel “Pendota” Meneses, Pedro “Cacho” Denis, Jorge Medina y Fernando Vannet funcionó integrada con chizpazos de humor sencillamente majestuosos..

En síntesis, Crazy’s mostraron un espectáculo de altísima calidad textual e interpretativa, pese a las impericias propias de un show que por cuestiones de calendario fue rodado en forma completa el martes pasado. Se presentaron al debut con éxito y se perfilaron como muy competitivos en el concurso, con un estilo vanguardista en su género, demostrando que es posible romper esquemas; que parodiar no es hacer chistes playeros en un cuento de hadas, ni robar escenas del Youtube. Y que es posible montar una aguda sátira de salón en el infierno de la carne.

La Mojigata: ¡sarcasmo!

¿Esperaba el espectador acaso salir ileso del espectáculo? La Mojigata esconde hábilmente en siete actos varias formas de leer la sociedad, con acidez y una prosa despiadada. Claro está que la primera lectura será más rápida, tal vez por ser el espectador un simple mortal, ingenuo, frágil consumidor del imperio de la risa. Pero en esta sociedad de los "Queyala", de discurso hegemónico, de frases hechas, nos exponemos al cachetazo descubriendo que somos "gente" en extinción. Amigo lector: rasgue a la Mojigata: anímese aunque le duela. Verá cuántas frases hechas repite en un día, verá el patético concepto de "lo popular" que tiene nuestra sociedad. La Mojigata es un perfecto manual de crítica que aunque no se trague provoca acidez. Sustituye la picardía, que como dice Mauricio Kartún en Alabanzas de Achalay (el país imaginario de "El niño argentino") es una "forma resignada y desnutrida de inteligencia", por humor absurdo, esta vez mucho más abierto, pero absurdo al fin. En siete actos se compagina una mirada riquísima en humor, pero a la vez tristona, porque somos parte siempre de la misma cosa: las instituciones. En esas pequeñas anécdotas de 7 u 8 actos La Mojigata derrumba las definiciones de su propio continente: la murga; o bien las formas de protesta, la crisis del matrimonio o la crisis demográfica. Pero también es institución el avión de Puritas o Abigail Pereyra.

El plano estético se completa con un vestuario donde muchas señales conservan felizmente cierto hermetismo y una puesta en escena que respeta los ritmos musicales, planteados por Darío Prieto, su director. Pablo Aguirrezábal, Fernando Paleo y Martín Sacco destacan sutilmente en una propuesta colectiva.

En suma, un texto brutal. ¡Finísima comedia! Una murga pensada para los que quieren seguir "comiendo arroz / vendiendo bacanal", pero también para los que quieren zambullirse en su lenguaje, entrar de frac a la piscina de lodo y salir doloridos como si nos hicieran una "morta".