Los más inseguros

ESCRIBE: Jaime Trobo (Diputado del Partido Nacional)

 

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La izquierda llegó al gobierno descalificando y desmereciendo todas las acciones que los gobiernos tomaban. Así pareció que contaba con un gran programa con el que, una vez aplicado, se resolverían todos los problemas. A tres años y medio del inicio de la gestión, en capítulos principales de la vida del país se le cae la estantería. Y a pesar de ello sigue practicando la fobia al pasado.

El gran tema de la seguridad es uno de los mejores exponentes de esta realidad que nos afecta a todos los uruguayos. Improvisación en las acciones, interpretación caprichosa de la realidad, desprecio por prácticas y procedimientos anteriores, han sido las pautas de la gestión en esta materia. Y el resultado: ha crecido exponencialmente la inseguridad y los ciudadanos lo identifican como el principal problema del país.

Días pasados, visitando algunos barrios de Montevideo, recibimos de parte de los vecinos la sistemática demanda de seguridad, el reclamo a sus derechos a ser libres y a no vivir encerrados como delincuentes en sus casas enrejadas hasta en la abertura más pequeña. Escuchamos el reclamo impotente de una madre que horas antes soportó en su casa el asedio de dos individuos que rompieron los vidrios de puertas y ventanas, a pesar que estaban enrejadas, para entrar en su vivienda, y también la desesperada apelación a la incapacidad policial para dar respuesta.

En el mismo barrio, vecinos que trabajan para la comunidad nos decían que cuando la existencia de las Comisiones de Seguridad Barrial, el contacto con la policía era más fluido, las denuncias de los vecinos confiables eran atendidas y la respuesta era mas eficaz. Sin embargo, esta administración borró de un plumazo cualquier vestigio de aquella experiencia que pareció exitosa. Fue el camino que el gobierno de izquierda siguió en muchos temas en los cuales, como en el de la seguridad, ha fracasado rotundamente para perjuicio de la sociedad y de su convivencia pacífica.

En materia de seguridad ciudadana, el gobierno ha perdido la brújula; los ciudadanos no confían, los policías actúan temerosos, la conducción se ha politizado, se han perdido las referencias y la situación se degrada, haciendo que sufra más la gente humilde, al contrario de lo que prometieron por años.

Es imprescindible que el gobierno reconozca sus carencias, sus errores conceptuales y apacigüe sus fobias a todo "lo de antes", para generar un ambiente que permita reconstruir algo tan importante como el sentimiento de seguridad de los uruguayos.