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Pese a aumento de rapiñas, seguir el camino elegido

Nuestra opinión

 

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A finales de la semana pasada, el gobierno admitió que se ha producido una caída en la calidad de la seguridad tras reconocer el aumento de los delitos que más preocupan a la sociedad, entre ellos, las rapiñas. El reconocimiento vino de parte del ministro del Interior, Eduardo Bonomi, quien no dudó en señalar que en materia de seguridad el país se encuentra en peores condiciones que hace veinte años.

"No era lo que deseábamos, pero sabíamos que iba a pasar", señaló el jerarca de la cartera, al darse a conocer los datos sobre delitos entregados por el Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad correspondientes al año 2011.

La mayoría de los delitos, especialmente los que más preocupan a la sociedad -y que acrecientan lo que se ha denominado sensación de inseguridad-, aumentaron con respecto al año anterior.

Según se establece en la Memoria Anual entregada por la cartera al Poder Legislativo, las rapiñas se incrementaron en 8,5% respecto a 2010. Pasaron de 13.829 a 15.003, creciendo también las tentativas de rapiña.

Los hurtos, en tanto, sumaron 97.573, 2,4% más que el año anterior, aunque los intentos descendieron 11,4%. Empero, los homicidios descendieron respecto a 2010, continuando una tendencia de los últimos años.

No obstante, el ministro advirtió que el objetivo de su cartera ha sido bajar la tasa de crecimiento de los delitos, extremo que sí se ha logrado. En esas mismas declaraciones, el ministro del Interior dijo que en los meses próximos se seguirán desarrollando los megaoperativos como forma de prevención y represión del delito, aunque señaló que en breve plazo se implementarán nuevas modalidades para combatirlo.

No es la primera vez que públicamente el ministro Bonomi hace declaraciones en las que reconoce la preocupante situación en materia de seguridad, lo que sin dudas habla muy bien de él y de la forma como encara su gestión, esto es, se niega a adjudicar la situación a "una sensación térmica" como infortunadamente hizo alguno de sus antecesores en el cargo.

Todo lo contrario, el ministro parece dispuesto a mantener su combate a la delincuencia en todos los frentes. Por otro lado, si se analizan fríamente las cifras, no puede dejar de verse que en términos porcentuales se produjo una inflexión en la tendencia al crecimiento de las rapiñas, el delito más temido por la gente común y también el más difícil de prevenir por parte de las autoridades.

Sabido es que justificadamente casi la mitad de la población considera que la cuestión de la seguridad es su primera preocupación actual.

El ministro Bonomi parece interpretar esta situación y está empecinado en revertir la imagen de impotencia que con frecuencia muestra la Policía frente a la delincuencia.

Hay que señalar entonces que el trabajo policial ha mejorado, se han puesto en práctica nuevos procedimientos -como los llamados operativos de saturación- y también se incorporaron medios y procedimientos para encarar una gestión más eficaz de quienes tienen a su cargo la tarea de proteger a la sociedad de los embates de la delincuencia.

Así pues, las cifras aún no le son favorables al Ministerio del Interior, pero hay muestras claras de que se trabaja firmemente para revertirlas y no para esconderlas o relativizarlas.