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Educar para evitar decadencia moral de los jóvenes
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El presidente José Mujica volvió a dejar en evidencia ayer que lo desvela la cuestión de la educación de los jóvenes que ni estudian ni trabajan y que son un caldo de cultivo para la delincuencia. En una entrevista con el semanario Búsqueda, el mandatario dijo que piensa en darle más flexibilidad al sistema educativo, porque es lógico que "un pibe que terminó los seis años de liceo se pregunte para qué le sirve lo que estudió".
"Él necesita utilidad, está saliendo del cascarón de la vida. Sin llegar a ese extremo hay montones de muchachos que si no aprenden algo en tres, cuatro, cinco meses no van a dedicarse a estudiar dos o tres años. No tienen tiempo, aunque les esté sobrando tiempo. Se van para la esquina, se van para la joda ¡Los perdemos! Por eso es tan importante la UTU", reflexionó el jefe de Estado.
Para Mujica, en materia de equidad esto es mucho más importante que todo el trabajo que despliega el Ministerio de Desarrollo, porque lo que él aspira es a "suministrar instrumentos para que los botijas aprendan a valerse por sí mismos".
"La idea que tengo es que la UTU instale ahora algo que voy a llamar una UTU de emergencia al lado de ella", explicó.
A modo de ejemplo, recordó que en un club de fútbol de la Teja, hay como 70 muchachos que están haciendo unos cursos con Antel para prepararlos en ciertas tareas, lo que les habilita una posible inserción en el mercado laboral.
El presidente consideró que lo mismo hay que hacer con todas las empresas estatales pero también con todas las empresas privadas que puedan dar una mano, así como con las Fuerzas Armadas. Añadió que la UTU, que tiene sentido pedagógico y organización, tiene que dirigir este esfuerzo.
No hay dudas de que la iniciativa del presidente es por demás compartible en función de la degradación importante que hoy se percibe en gran parte de la sociedad, sobre todo en los más jóvenes.
Y tiene razón además, porque nadie puede pensar que en Uruguay habrá una sociedad realmente integrada mientras subsistan factores que hacen a la pobreza y a la falta de educación casi hereditarios.
Porque buena parte del problema reside en los hijos de los hogares más desfavorecidos -en ellos nacen la mayoría de los nuevos uruguayos- que no encuentran en el medio familiar el adecuado estímulo ni el ambiente propicio para la adquisición de conocimientos.
Apoyarlos e impedir su deserción del sistema es el objetivo de una experiencia pedagógica que ha dado resultados alentadores, y sobre la que conviene echar una mirada.
Quienes abandonan los estudios estarán condenados a una vida en que probablemente ningún otro esfuerzo permita alejarlos de un destino mediocre o prevenir que el mismo se reproduzca en su familia. El deber de la sociedad, hasta en defensa propia, es atender a que todos los niños reciban una educación adecuada, o por lo menos una educación que les permita ganarse la vida de una manera decente.
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