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La unidad latinoamericana
complica logística de Londres
| OPINIÓN | Por Rosaura Audi - Agencia Ansa |
El respaldo de América Latina al reclamo de soberanía de Argentina sobre las Islas Malvinas acentuó la negativa británica a sentarse a negociar, tal como lo demanda Naciones Unidas desde 1965, y da cuenta de un escenario de unidad difícil de romper.
La Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Alianza Bolivariana (Alba), la Comunidad de Estados de Latinoamérica y El Caribe (Celac), la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Cumbre Iberoamericana realizaron pronunciamientos que exhortan a que las partes se sienten a negociar.
Y cada uno de estos países demostró en los últimos meses que cumpliría con las declaraciones firmadas en esas organizaciones, incluso pese a la presión de Londres.
Esto reforzó la tensión creciente entre el Reino Unido y Argentina por la soberanía de las islas pocos días después de la conmemoración del inicio de la guerra, el pasado 2 de abril.
Ya en enero de 2011, poco después de asumir como presidenta de Brasil, Dilma Rousseff rechazó que un buque de protección de las Malvinas, HMS Clyde, parara en Río de Janeiro. La embarcación debió cambiar la ruta e ir a Chile, que aún permitía a la Royal Navy atracar allí.
Pero, en diciembre, el Mercosur -integrado por Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina, con Bolivia, Chile, Perú,
Ecuador, Colombia y Venezuela como países asociados- resolvió que ningún barco con bandera de las Islas Malvinas podría atracar en sus puertos.
Esa decisión fue repudiada por Gran Bretaña, que intentó revertir la situación. Sin embargo, en enero pasado se encontró con un rechazo a un barco en Montevideo.
“No va a entrar ningún barco con bandera de Falklands. Esto es una decisión política que apunta a que no entren barcos de esa jurisdicción a puertos uruguayos”, afirmó a fines de enero el canciller uruguayo, Luis Almagro.
“Un enclave colonial en territorio sudamericano nadie lo puede ver bien. Nosotros lo vemos muy mal y lo hemos destacado permanentemente. Es un acto de prepotencia colonialista sobre un territorio sudamericano”, aseveró.
En octubre de 2011, Unasur había declarado que rechazaba el desplazamiento de la fragata HMS Montrose al Atlántico Sur porque esa “presencia militar” era “contraria a la política de la región de apego a la búsqueda de una solución pacífica de la controversia de soberanía”. Y fue el 19 de marzo cuando esta declaración se puso en juego. Es que la fragata tenía planificado repostar en el Puerto del Callao en Perú, en el marco de un programa de operaciones conjuntas de ambos países.
Primero trascendió que la embarcación atracaría allí. Por la tarde, el canciller peruano, Rafael Roncagliolo, informó que había quedado sin efecto el programa con la nave Montrose.
“Esta decisión ha sido adoptada en el espíritu de los compromisos de solidaridad latinoamericana asumidos en el marco de Unasur respecto de los legítimos derechos de la República Argentina”, explicó el ministro.
El Reino Unido respondió inmediatamente que lamentaba esa decisión y que no comprendía el motivo por el cual Perú no había informado esto en la reunión que pocos días antes habían mantenido el presidente Ollanta Humala y el número dos de la cancillería británica, Jeremy Browne.
Todas estas decisiones han dificultado la logística para las naves de Gran Bretaña que desarrollan tareas en Malvinas, pero además complicaron el escenario diplomático de Londres.
Incluso Estados Unidos, su aliado en la guerra, llamó al diálogo en dos oportunidades en los últimos meses. La primera, en enero, cuando el Departamento de Estado dijo: “Alentamos a las partes a resolver sus diferencias a través del diálogo en los canales diplomáticos normales” y añadió que reconocía “de hecho la administración del Reino Unido de las islas”, pero el país “no toma posición con respecto a la soberanía”.
Estas declaraciones fueron reiteradas por Washington cuando Londres las puso en duda.
Días pasados, ante noticias de medios británicos sobre una misión de empresarios uruguayos a las Malvinas y la consecuente comparación que se hizo entre el bloqueo comercial estadounidense a Cuba y las medidas adoptadas hacia las islas por la región latinoamericana, Uruguay negó ese hecho y respaldó “las reivindicaciones de soberanía de Argentina”.
El canciller Almagro aseveró que “no existe” un bloqueo “de ningún país del continente” hacia las Malvinas y consideró que en Cuba “sí existe un bloqueo violatorio del derecho internacional”.
Sí aclaró que el Estado uruguayo no se entrometería en la misión empresarial a las islas porque se trataría de una violación de los derechos humanos de sus habitantes.
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