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Elecciones del FA
| OPINIÓN | Daniel Martínez - Senador del Partido Socialista |
Nuestro FA nació de un proceso unitario de las luchas del pueblo uruguayo, que comenzó con la unidad sindical y que luego fue madurando hasta concretarse en la unidad política.
Democristianos, blancos y colorados progresistas, independientes de izquierda, trotskistas, comunistas, socialistas, uruguayos y uruguayas que creían que luego de decenas de años de copiar modelos venidos del norte y pensados para que sirvieran a quienes los creaban, era imprescindible un proyecto nacional de justicia y desarrollo independiente.
Todos esos grupos que se unieron políticamente en febrero del 71 eran apenas testimoniales en la vida política del país. Separados no cambiaban nada, pero comprendieron, con grandeza, que juntos podían cambiar la historia.
Y así fue. Luego de muchos años de enfrentamientos y de competir por el espacio electoral progresista del Uruguay, aquellos hombres rompieron las boletas de factura que tenían entre unos y otros y fundaron la expresión política de los deseos de cambio progresista en el Uruguay, el Frente Amplio.
Nacimos pues como la unidad de los diversos, unidos por un programa común. Diversos, pero que soñábamos en un proyecto político de desarrollo propio, integrado al mundo y en particular a la región, pero independiente, un proyecto de desarrollo, con justicia, creando las condiciones para la igualdad de oportunidades, que no importara con cuántos apellidos se naciera o en qué zona de Montevideo o del interior. Un país en que las posibilidades de desarrollo dependieran del esfuerzo, la capacidad y las ganas de pelearla. Inicialmente el FA era integrado tal vez más por socialistas, comunistas, blancos, etcétera, que votaban juntos dentro del FA que por gente que primero y ante todo fuese frenteamplista.
Luego vino la dictadura, la represión, la resistencia, y el FA pasó a ser mucho más que la unidad electoral de varios grupos políticos para pasar a ser el símbolo de la esperanza de cambio y justicia de los uruguayos.
Sistemáticamente, año tras año, nos fuimos enriqueciendo con la integración de más y más uruguayos y uruguayas que abandonaban los PPTT (Partidos Tradicionales), cansados de planificaciones fracasadas y de una derechización y falta de un proyecto nacional de estos.
Primero fue la conquista del gobierno de Montevideo y luego el gobierno nacional.
Tocábamos el cielo con las manos, después de tantos sacrificios, de tanto ver como el país se desmoronaba producto de los sucesivos fracasos de gobiernos blanquicolorados.
A su vez el ejercicio del poder trae nuevos desafíos, como no perder el trabajo entre la gente, cuando muchos cuadros pasan a ejercer funciones de gobierno, como generar capacidad de gestión en una fuerza que no había ejercido el gobierno nunca, como gestionar para cambiar y no solo "administrar".
Como entender que uno se equivoca y eso no es grave; lo grave es no aprender de los errores.
Además, convivir con las aspiraciones de incidir cada uno de los grupos en función de lo que cada uno a su leal saber y entender creía. No fue fácil. En lo referente al gobierno, creo que venimos salvando muy bien el examen. Lo hecho en el primer gobierno y continuado por este es mejor, a mi gusto, de lo que el análisis frío de nuestras posibilidades podía hacer pensar a priori.
Pero tal vez no supimos procesar con el mismo éxito el proceso de adaptación del instrumento político FA a la nueva realidad. Todos sabemos cómo nos costó procesar no tener candidatos indiscutidos al gobierno nacional y a la mayoría de las intendencias. Pero no es momento de entrar en eso, solo constatar que lo sucedido golpeó mucho el imprescindible enamoramiento de miles y miles de frenteamplistas en su instrumento político.
Todos cometimos errores y discutir por la prensa para lograr efecto mediático se convirtió en algo más común que debatir primero cara a cara, entre los compañeros.
Por eso la realización de estas elecciones es tan importante. Y tan importante como la elección directa de nuestro presidente es cómo se discuta, cómo se haga la campaña por quienes sean los candidatos. Si repetimos los errores del 2009/2010, flaco favor le estaremos haciendo a nuestro FA.
Debemos sembrar la campaña de fraternidad frenteamplista, como debemos sembrar de esa misma fraternidad el accionar cotidiano en el comité de base, entre los parlamentarios del FA, entre los compañeros en función ejecutiva en el gobierno, en definitiva entre todos y todas.
Fraternidad y trabajo solidario entre la gente, discutir con pasión las diferentes posiciones sobre cada tema en la interna, pero trabajo y más trabajo entre la gente y con la gente. Ese es el antídoto para los males que sufrimos.
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