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Los problemas que enfrentamos los políticos

OPINIÓN | Jorge Pozzi - Diputado del FRENTE AMPLIO

 


En el año 2005 y luego de treinta y cuatro años de luchas políticas, nuestro Frente Amplio llegó al gobierno nacional. Y aclaro al gobierno nacional porque ya gobernaba Montevideo desde el año 1990. En la elección municipal del año siguiente nuestro Frente conquistó además seis gobiernos departamentales por primera vez. Todos estábamos contentos con esos resultados y creíamos que estos contundentes hechos nos ponían de cara a una hegemonía que difícilmente retrocediera. Sin embargo, y luego de un gran gobierno que llevo adelante el compañero Tabaré Vázquez, tuvimos los primeros e importantes reveses. En la elección nacional, si bien se mantuvo la mayoría absoluta en las dos cámaras, lo cierto es que se perdieron dos bancas en la Cámara de Diputados. Y luego, en la elección municipal, se perdieron cuatro intendencias y se ganó una, la de Artigas. Cabe acotar que la pérdida de votos en Montevideo fue muy importante. Este retroceso se dio luego de un gobierno nacional que yo no dudo en afirmar que fue un gran gobierno. Parece, por lo menos para mí, que la gran expectativa que se había creado por la llegada de nuestra fuerza política al gobierno se fue diluyendo a medida que avanzaba el mismo. Pero lo peor es que este bajón se dio también entre la militancia frenteamplista. Esta, forjada en mil y una luchas y con un alto contenido de politización e ideologización, protesta por decisiones que se toman y que, según a ellos les parece y lo dicen con todas las letras, no están de acuerdo con los preceptos históricos del Frente. Y debemos pensar que a lo mejor mucho de eso hay, porque gobernar es un asunto más complejo, en el cual nosotros, a pesar de tener las mayorías, no podemos llevar adelante todo tal cual nos parece. Además llegamos al gobierno diciéndole a algunos colectivos que los reclamos que tenían se solucionaban al otro día de que ganáramos la elección, y hoy ni siquiera les explicamos por qué los amparábamos con un proyecto de ley cuando éramos oposición y hoy no hacemos nada por darles respuestas. Estas cosas han generado desesperanza y desaliento o, lo que es más, han generado apatía. Por otro lado, la oposición política no ha hecho otra cosa que tirar trompadas sin ton ni son y para cualquier lado. A veces nos acusan de que teniendo las mayorías para hacer cosas, demoramos y no hacemos nada. Otras veces, cuando aplicamos esas mayorías para resolver algunas cosas, nos acusan de autoritarios, manos de yeso, y de no respetar a las minorías porque aplicamos los votos que legítimamente tenemos. Ni hablar de la continua referencia que se hace a proyectos de ley que votamos, calificándolos de inconstitucionales. Por supuesto que en los que han sido calificados de este modo, sacando uno o dos casos, nadie se atrevió a llevar adelante ninguna acción para que la Suprema Corte los declarara inconstitucionales. Todas estas cosas que pasan también generan en la ciudadanía descreimiento y apatía. Y la apatía es un mal complicado. Debemos preguntarnos: ¿a quién van a votar los frenteamplistas a los cuales no podemos convencer? Y ¿a quién van a votar los blancos y colorados que tampoco pueden ser convencidos por sus líderes? Lo peor es que si las cosas no cambian, cada vez pueden ser más, y el desafío para nosotros los políticos va a ser cada vez más grande.