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El Papa habló de narcotráfico
y puso el dedo en la llaga

OPINIÓN | Roberto Hernández - Agencia Ansa

 


El Papa puso el dedo en la llaga en su reciente viaje a México, un país mayoritariamente católico, donde operan siete grandes carteles de las drogas que mantienen capturados el 71,5% de los municipios, controlan a los policías y en un lustro de combate militar provocaron 60.000 muertos, una estadística de la que no se escapan los sacerdotes.

Sin contemplaciones, Benedicto XVI diagnosticó a bordo del avión que lo condujo a América que "el problema del narcotráfico y de la violencia es una gran responsabilidad para la Iglesia" de México, con 80% de católicos. En México, los golpes del gobierno del presidente Felipe Calderón, del Partido Acción Nacional (PAN, conservador), a los carteles del narcotráfico no han logrado socavar su organización de mandos y, por el contrario, han provocado su recomposición.

Al final del gobierno de Vicente Fox (2000-2006), en México había solo siete carteles, pero Felipe Calderón reconoce a once organizaciones criminales entre grandes y pequeñas, donde jefes de matones convertidos en cabecillas se reparten y pelean el control criminal en los 32 estados del país.

Surgidos como brazos armados del narcotráfico, los nuevos cabecillas de las bandas criminales se conocen, se matan y denuncian entre sí y se dedican, además del trasiego de dogas, a la venta interna en los municipios del país, al secuestro, a la extorsión y al tráfico de personas, sin que las grandes mafias puedan controlarlos. Expertos de Naciones Unidas sostienen que el 71,5% de los 2.435 municipios que existen en México se encuentran capturados o bajo el control de las bandas criminales y, a diferencia de años anteriores, en 2011 la presencia del narcotráfico comprende todos los estados del país, así como Ciudad de México.

Los carteles han tomado el control de las instituciones a nivel local y en muchos casos existe complicidad política, además de que la infraestructura del crimen organizado es física, abierta y notoria en una lucha que no se limita a cuidar rutas o asegurarse los mercados de piratería, contrabando y fraude, sino que compiten por capturar a las autoridades.

Desde un lustro atrás, México es escenario de un combate militar a las bandas del narcotráfico, enfrentadas también entre sí, que ha provocado no solo 60.000 muertos, sino que obliga el "efecto cucaracha" de las bandas criminales que en 2001 controlaban 34% de los municipios, 53% en 2006, 73% en 2010 y 71,5% en 2011, un declive provocado por la disminución de la infraestructura criminal en el estado de México y Michoacán que no terminan por trasladarse hacia Chiapas, Campeche, Tamaulipas y Nuevo León.

La operación de delitos como la corrupción de menores a plena luz del día, piratería y extorsiones, como ocurre también en la capital de México, demuestra según los expertos un nivel de convivencia entre autoridades y grupos delictivos.

Los enojos y reclamos de Calderón permiten prever que el nivel de captura de las bandas criminales va en aumento, no solo a los costados con más municipios, sino con el intento hacia las autoridades estaduales y federales, donde ni la Procuraduría General ni el Ejército están impolutos en una carrera de corrupción que va en aumento.

En México uno de los pilares de la Convención de Palermo, que implica el ataque frontal a la corrupción, no se ha aplicado, lo que ha permitido la fortaleza de las organizaciones criminales que no han apartado de su mira a los periodistas ni a los sacerdotes, muchos de ellos acusados de aceptar dinero de capos para construir templos. Del 2000 a la fecha, el número de periodistas asesinados es de 75, la mayoría de ellos entre 2005 y 2011, y en el último lustro han sido asesinados 13 sacerdotes y una periodista de un movimiento misionero laico católico, que fue decapitada y su cabeza dejada sobre un teclado a la entrada de un diario del estado de Tamaulipas. Los sacerdotes en México viven la violencia como en tiempos de guerra y en algunas zonas como Chihuahua, Sinaloa, Durango y Tamaulipas el sacerdocio se ha vuelto una especie de "capellán de guerra". En México los narcotraficantes presionan a los representantes de la Iglesia a través de grandes donativos para construir templos y sostener obras benéficas.

Pero la Iglesia no escapa a otro tipo de presión más sutil: la de los jugosos donativos de narcotraficantes para construir templos o sostener obras benéficas.