Maestros comunitarios logran
abatir los índices de repetición

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No habrá en Uruguay una sociedad realmente integrada mientras subsistan factores que hacen a la pobreza y a la falta de educación casi hereditarios. Buena parte del problema reside en los hijos de los hogares más desfavorecidos -en ellos nace la mayoría de los nuevos uruguayos-, que no encuentran en el medio familiar el adecuado estímulo, ni el ambiente propicio para la adquisición de conocimientos. Y que, en escuelas de contexto crítico, no logran pasar de año, especialmente en los primeros niveles. Apoyarlos e impedir su deserción del sistema es el objetivo de una experiencia pedagógica que ha dado resultados alentadores y sobre la que conviene echar una mirada.

Ultimas Noticias publicó ayer esperanzadoras informaciones sobre una nueva experiencia docente en escuelas que atienden a los niños más desfavorecidos por las circunstancias económicas y familiares. Se trata del Programa de Maestros Comunitarios (PMC), implantado en escuelas de tiempo simple que reciben alumnado de vecindarios de contexto socioeconómico crítico. El programa se realiza con el respaldo del Consejo de Educación Primaria (CEP) de la Administración Nacional de Educación Pública (Anep) y el Programa Infamilia del Ministerio de Desarrollo Social (Mides).

Un informe de resultados de este programa señala que en cuatro años se logró abatir la repetición entre los niños atendidos del 26% al 17,8% en 2009, con una caída del 8,2%. Un paso adelante estimable, aunque las mismas cifras proclaman que queda mucho por hacer, visto que aun así subsisten diferencias estimables entre lo que ocurre en las escuelas atendidas y las que funcionan en zonas en mejor situación económica y cultural.

El fenómeno de la repetición está además directamente vinculado al del abandono escolar, lo que destaca aún más la importancia educativa y social del empeño por combatirlo. A la vez, la cantidad de alumnos atendidos en el programa creció un 43%, al pasar de 9.292 bajo esta modalidad en 2005 a 16.500 en 2009, mientras que para este año se prevé que los alumnos beneficiados por el programa sean 18.000.

Los maestros que participan del programa trabajan un turno normal en las mismas escuelas objeto de la experiencia y dedican cuatro horas adicionales a brindar apoyo pedagógico a los niños con bajo rendimiento escolar, con especial atención a los alumnos de primer y segundo años, que son las principales víctimas de la repetición y los más proclives al abandono escolar. La tarea de estos maestros no se agota en el alumno, sino que abarca el hogar, intentando mejorar los vínculos entre la familia y la escuela y lograr que se apoye la tarea escolar de los alumnos.

La idea de todo el programa es asistir a niños con bajo rendimiento escolar, con asistencia irregular, repetidores, desertores y niños en edad escolar que no han ingresado al sistema formal. También se considera a los alumnos con dificultades de integración que conspiren contra su desempeño escolar.

Aunque se preste mayor atención a los alumnos de primer y segundo año, el programa también puede incluir a niños de otros niveles que presenten especiales dificultades, buscando siempre interactuar con las familias buscando su colaboración en el esfuerzo escolar del alumno.

Un aspecto de particular interés del programa tiene que ver con la alfabetización en hogares, que reclama un esfuerzo de los maestros para lograr la participación conjunta de madre e hijo y apunta esencialmente a la adquisición de la lectoescritura. El maestro comunitario intentará ofrecerles las llaves del mundo de la lectura y la escritura tanto al niño como a la madre, facilitando así que ésta asuma un rol en el apoyo escolar del niño.

Al iniciarse el programa en 2005, el mismo se desarrolló en 255 escuelas con el concurso de 437 maestros comunitarios que atendieron a 9.292 niños. En 2007, el PMC se implementa en 334 escuelas, contando a tal fin con 553 docentes.

En 2010 son 550 los maestros comunitarios que desarrollarán tareas en 337 escuelas del país, para apuntalar el desempeño escolar de 18.000 alumnos.

Se trata, en fin, de un esfuerzo estimable por darles mejores perspectivas a niños nacidos en contextos muy desfavorables, que no encuentran en sus hogares un ámbito propicio a la adquisición de conocimientos, ni el estímulo apropiado para motivarlos en el desarrollo de las tareas escolares. Un procedimiento que quizá sea más accesible desde el punto de vista de las inversiones necesarias que las escuelas de tiempo completo, también pensadas para defender, en el punto de partida, la igualdad democrática. Y enfáticamente apoyadas por el presidente Mujica.

Para Uruguay, estos esfuerzos son esenciales. Según lo han señalado reiteradamente estas columnas, el tema de la educación y sus resultados es una de las grandes prioridades que se deben atender ya si se desea que Uruguay sea en el futuro un país próspero y goce de una sociedad integrada. Ya los grandes problemas que se registran a otros niveles, como Secundaria, están creando un abismo de conocimientos entre los egresados de la enseñanza privada y los que se formaron en la educación pública. Y si se quiere disfrutar de una sociedad efectivamente integrada, la solución es darles a los más desfavorecidos las armas para quebrar el círculo vicioso que hace aparecer a la pobreza y a la marginación como hereditarias.

Quienes abandonan la escuela en los primeros años estarán condenados a una vida en que probablemente ningún otro esfuerzo permita alejarlos de un destino mediocre o prevenir que el mismo se reproduzca en su familia. El deber de la sociedad, hasta en defensa propia, es atender a que todos los niños reciban una educación adecuada, ya vivan en hogares prósperos o en los modos más extremos de la pobreza y la marginación. De otro modo, estos últimos nunca encontrarán un camino hacia una realidad mejor.