Oportuna exhortación sobre la
necesidad de controlar el gasto

Nuestra opinión

 

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Al glosar el texto de la Rendición de Cuentas recién enviada al Parlamento, periodistas de Ultimas Noticias dieron un muy adecuado énfasis a algunas valoraciones oficiales sobre el estado de la economía nacional que merecen una particular atención. Estas consideraciones señalan que el nivel de la deuda pública sigue siendo alto y que existen tanto en el futuro inmediato como a mediano plazo vencimientos exigentes. En definitiva, se trata de una muy oportuna exhortación a cuidar el gasto que llega en vísperas del análisis del presupuesto quinquenal y de la deliberación de los consejos de salarios. Económicamente Uruguay está muy lejos de Grecia, pero tiene algo en común con lo allí ocurre.

Una documentada nota que ayer Ultimas Noticias publicó en sus páginas de economía da cuenta de la preocupación oficial por los niveles de la deuda pública, que aún reperfilada va a tener vencimientos sustantivos en 2011, así como en los más distantes 2017 y 2018. Esa preocupación se expresa en el mensaje que el Poder Ejecutivo envió a la Asamblea General acompañando la Rendición de Cuentas y Balance de Ejecución Presupuestal de 2009, inteligentemente glosado por los periodistas de este diario.

Podría decirse que varios de los párrafos de ese mensaje son decididamente compartidos por estas columnas, en cuanto coinciden con lo que ha sido una prédica constante a favor del equilibrio fiscal y el contralor estricto de los gastos del Estado. En materia económica no es ya posible moverse con actitudes voluntaristas. Los déficits -según una feliz expresión de Felipe González- no son de izquierda ni de derecha: son déficits. Y -agregamos- alguien terminará pagándolos más o menos dolorosamente.

En los últimos meses Grecia ha dado un testimonio muy elocuente sobre lo que sucede con un país que gasta y se endeuda por encima de sus posibilidades. Y luego debe realizar un penosísimo ajuste, incluso con reducción de salarios y consecuencias en el plano social que será difícil superar por muchos años. Y hay que tener en cuenta que si Grecia pudo salir sin un cataclismo aún mayor fue porque la Unión Europea abrió los grifos de una ayuda sin precedentes, pero imponiendo condiciones durísimas para el reordenamiento de la economía helénica.

Aunque pueda existir preocupación por la importancia del endeudamiento, Uruguay está muy lejos de una situación que pudiera siquiera compararse con el desastre griego. En las esferas oficiales campea la prudencia en el manejo de los temas macroeconómicos, mientras que el presidente Mujica ha dado nuevamente un explícito respaldo a la política económica que el gobierno mantiene y que prolonga la aplicada en la anterior administración, cuestionada desde algunos sectores del partido de gobierno.

Si eso es cierto, también lo es que esta actitud de prudencia no es un valor generalizado en todo el país. Hoy el movimiento sindical es un jugador al que se le ha otorgado mucho peso en la fijación de políticas y que, al menos en las proclamaciones de sus dirigentes, no se ha afiliado aún al elemental razonamiento económico según el cual nadie puede gastar por encima de sus fuerzas. Así como algunos sindicatos griegos hoy salen a la calle a denostar al FMI (cuyos fondos fueron un factor importante de la salida) por aquí se estira la cuerda de las reclamaciones a límites impensados, y se interpreta cualquier “No” como una reaccionaria actitud al servicio de quién sabe qué complot del imperialismo y la oligarquía. En ese ámbito parece casi imposible que se comprenda que nadie puede gastar lo que no tiene, ni repartir por adelantado una prosperidad que es apenas expresión de optimismo sobre el futuro.

Cabe especialmente señalar este hecho cuando ya se empiezan a avizorar las instancias en que se tramitará el presupuesto quinquenal y se abren a la vez las negociaciones en los Consejos de Salarios. Ambos temas despiertan actualmente actitudes combativas, en especial de los sindicatos de empleados públicos, que ya han realizado paros sobre el tema.

De allí que sea tan oportuno el reclamar una reflexión sobre los límites del gasto y señalar que el desbalance fiscal termina en inflación, perjudicando antes que a nadie (y más que a nadie) a los trabajadores, que ven perder el valor del dinero que tienen en su bolsillo y no pueden hacer nada efectivo para ponerse a salvo. Si en el texto presupuestal se generan aumentos por encima de lo prudente, que en estas circunstancias es poco en razón de los niveles de endeudamiento, los funcionarios públicos verán ampliar a expensas del fisco su privilegiada situación frente a los trabajadores privados. Si en los consejos de salarios no se opera con prudencia, la víctima será la competitividad del país y las posibilidades de radicar nuevas inversiones. En otras palabras: más desempleo futuro y menos posibilidades para los que hoy buscan trabajo.

El mensaje que acompaña a la Rendición de Cuentas dice que “A pesar de la sustancial reducción del peso de la deuda en los últimos años, desde la perspectiva de mediano plazo el nivel de deuda, tanto bruta como neta, sigue siendo elevada, (…) si bien ha mejorado notoriamente el perfil de vencimientos de deuda, con la consiguiente reducción en los riesgos de refinanciamiento, en algunos años todavía subsisten algunos vencimientos significativos, como 2011, 2017 y 2018”.

Y sentencia que se debe “continuar fortaleciendo las finanzas públicas, de forma de mejorar la capacidad de respuesta de la política económica ante shocks adversos que afecten el desempeño de la economía (…) y “potenciar el desarrollo de políticas contracíclicas, reduciendo el riesgo de que problemas de financiamiento del gobierno se propaguen al resto de la economía y afecten fuertemente las condiciones de vida de los uruguayos, como sucediera en crisis anteriores”.

No resta nada para agregar, sólo expresar que este debe ser el camino a seguir.