Condena internacional a Israel en
un escenario riesgoso para la paz

Nuestra opinión

 

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En un momento en que la situación en Medio Oriente ofrece el más probable escenario para una futura conflagración bélica, una desproporcionada acción militar israelí cuesta nueve muertos civiles y complica a extremos impensados la posición internacional del estado hebreo. Mientras llueven condenas sobre Israel, noticias fidedignas señalan que Irán ya cuenta con lo necesario para fabricar dos bombas atómicas, con el potencial de enriquecer rápidamente más uranio y con los misiles que le pueden permitir poner a raya a la aviación israelí. Cuando Irán proclama diariamente su afán de borrar a Israel de la faz de la Tierra y se apresta a contar con los medios que le permitirían hacerlo, los escenarios de conflicto que se pueden imaginar son realmente funestos.

Es difícil explicarse un mal paso tan pesado como el que dio Israel al abordar desde helicópteros un buque turco que trasladaba hacia la franja de Gaza a militantes civiles contra el bloqueo de ese territorio. El episodio terminó con nueve muertos y con consecuencias profundamente negativas para la posición internacional del Estado hebreo, sobre el que hoy llueven expresiones -incluso la de Uruguay-de condena internacional. Fuentes de las Fuerzas Armadas de Israel han mostrado testimonios fílmicos sobre las agresiones que sufrieron los militares israelíes al abordar las naves, que incluso incluyeron ataques con armas de fuego. Sin embargo, tal cosa no va a disimular lo más sustantivo del episodio, en que soldados armados a guerra emprenden una operación bélica contra civiles que en el fondo estaban manifestando sus puntos de vista contra una medida de Israel.

No hay modo de pensar que este ataque fue improvisado o imprevisor, o que no se manejaron en su planificación otras hipótesis, como la del uso de balas de goma, gases lacrimógenos incluso muy potentes, o cualquier otro medio disuasivo menos mortal que los rifles de asalto. Inclusive, cuando un estado impone un bloqueo como medida de guerra, lo usual es detener sin abordaje al buque que lo desafíe e imponerle un cambio de rumbo con órdenes radiales y cañonazos al agua. Aquí hubo varias opciones alternativas que parecen haberse descartado y que terminan en una afectación sin precedentes del prestigio y de las posiciones internacionales de Israel.

En un atinado comentario, Aaron David Miller, diplomático norteamericano que actuó en el pasado como negociador en medio oriente, resumió los efectos negativos de esta acción para los intereses israelíes: “Esto alimenta los esfuerzos de aquellos que en la comunidad internacional procuran deslegitimar a Israel, socava a Mahmoud Abbas, que se verá obligado a endurecer su posición en las negociaciones o incluso suspenderlas. Y es un regalo de las nubes para Hamas”. Y agregó que las acciones ponen en cuestión la competencia de los juicios de las fuerzas de seguridad israelíes, que obviamente debieron explorar varias opciones. “Si yo fuera del movimiento Liberar a Gaza -terminó- les mandaría barcos todas las semanas”.

Este lúcido resumen no llega a señalar la magnitud del daño que el ataque le infiere a la causa israelí. Aunque los comentarios estadounidenses sobre el tema han sido menos cáusticos que las condenas surgidas de gobiernos europeos, el asunto compromete seriamente la posición del presidente Barack Obama, que cuenta con Israel como su más fuerte aliado en una región hostil mientras se esfuerza por mejorar los lazos con los países musulmanes. Incluso, el anunciado viaje de Benjamín Netanyahu, el premier israelí, a EE.UU. se suspendió sobre tablas ante la crisis planteada por el incidente. Otros observadores han señalado con mucho acierto que el episodio se concretó horas antes de que la Agencia Internacional de Energía Atómica (Aiea) difundiera un informe señalando que Irán cuenta ahora con suficiente combustible nuclear enriquecido como para fabricar dos bombas atómicas.

Además, fuentes de la Aiea deslizaron informaciones según las cuales Irán puede estar escondiendo equipos capaces de piroprocesar el uranio, facilitando la más rápida producción de combustible nuclear. Tal cosa sería un nuevo desafío a las disposiciones internacionales sobre el tema y a las sanciones -que han resultado no coercitivas- impuestas por la ONU.

Otro tema a tener en cuenta es la reciente venta de Rusia a Irán de 300 misiles tierra aire S-300, capaces de derribar a los aviones de guerra israelíes. Todos estos hechos señalan riesgos ciertos para un país que diariamente escucha proclamas iraníes instando a su desaparición de la faz de la Tierra. El panorama, mucho más allá del incidente en el Mediterráneo, se torna extremadamente difícil para Israel, que ya no cuenta en la Casa Blanca con el respaldo sin matices de la era Bush y tiene en su propio gobierno a los sectores más acendradamente nacionalistas.

En estas circunstancias, prácticamente el único Estado que en medio oriente comparte los ideales democráticos más caros a Occidente, aparece cada día más acorralado en el plano político y más amenazado por el acrecido potencial bélico de quienes reclaman su destrucción, ya muy cerca de contar con el armamento necesario para cumplir con sus terribles amenazas.

Se debe tomar nota hoy de que la más grande amenaza para la paz mundial es la situación de medio oriente, donde tanto un ataque atómico iraní como una “acción preventiva” israelí pueden desembocar en un conflicto de incalculables proporciones. Y desatar una nueva ola de terrorismo en todo el planeta.

Es en ese amenazador panorama que las opciones militares deben sopesarse con más cuidado. Tal cosa claramente no ocurrió en el episodio del abordaje por militares israelíes de un buque turco en el Mar Mediterráneo, a consecuencia del cual Israel pierde aliados -Turquía era la única nación musulmana afín al Estado hebreo- y se gana una gran condena internacional.