La violencia terrorista se niega
a dar paz al atribulado Irak

Nuestra opinión

 

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El tercer milenio se inauguró con la peor manifestación terrorista de todos los tiempos -los atentados del 11 de setiembre en Nueva York-, que luego se prolongó en acciones militares que terminaron con la invasión estadounidense a Irak y en una abundante siembra de odios. Hoy la solución, más que en la punta de los fusiles, debería residir en la búsqueda de negociaciones de paz para intentar salir de este enfrentamiento sin fin. Pero esa hoy es una meta muy lejana y una quimera.

Nuevamente Irak se ha convertido por estos días en centro de un violento ataque terrorista cuando una suicida mató al menos a 54 personas e hirió a unas 117 al detonar un cinturón con explosivos en medio de una peregrinación de musulmanes chiíes que se estaba produciendo en Bagdad.

El ataque fue el primero de esta magnitud este año contra los peregrinos que hacen el viaje anual a la sureña ciudad sagrada de Karbala para celebrar un día reverenciado en el calendario chií y causó temores sobre un posible aumento de la violencia cuando la peregrinación culmine el próximo viernes.

La atacante ocultó los explosivos bajo su abaya -una capa negra de pies a cabeza usada por muchas mujeres musulmanas- y se unió a la marcha en el barrio de Shaab, de mayoría chií, en el norte de la capital, explicó el general Qassim al-Mussawi, principal vocero militar en Bagdad.

La mujer detonó su carga mientras hacía fila con otras para que guardias de seguridad las registraran en un puesto de control ubicado dentro de una carpa de descanso. De acuerdo con los informes de la Policía, había 18 mujeres y 12 niños entre los muertos.

Pese a una declinación que en términos generales se ha producido en materia de hechos de violencia en Irak, la red terrorista al-Qaeda y otros grupos extremistas suníes han atacado con frecuencia a los peregrinos en un intento por azuzar las tensiones sectarias y hacer lucir mal al gobierno chií. Esta semana, centenares de miles de chiíes hacen el peregrinaje a Karbala para marcar el final de 40 días de duelo que siguen al Ashura, el aniversario de la muerte del imán Hussein, una de las dos reverenciadas figuras chiíes enterradas en esa ciudad santa.

El problema es que luego de más de un lustro de ocupación norteamericana en Irak, la Administración Bush primero y la del presidente Barack Obama después no han podido cumplir con sus anuncios de repliegue de tropas de Irak.

Estados Unidos no ha conseguido legitimar su intervención en Irak y menos aún pacificarlo totalmente. Hoy es claro que el fanatismo terrorista sigue presente y que no reconoce ningún límite en cuanto al costo en vidas inocentes que generalmente dejan sus acciones desenfrenadas. Lo que guía sus acciones es el odio irracional, que siempre busca repartir más dolor -y terror- entre sus adversarios. Se trata de formas de educación desconocidas para la cultura occidental actual, que alientan el odio desde la misma escuela, además, son pródigas en cuanto al surgimiento de verdaderos ejércitos de potenciales suicidas, capaces de convertirse en bombas humanas que sacrifican su vida tratando de causar el peor daño posible a los que sienten como enemigo, aunque casi nunca se trate de combatientes, o, como en el caso del ocurrido el lunes, de compatriotas y no de soldados a los que se puede ver como invasores del país.

Por estos días en Irak vuelven a arreciar los atentados, fundamentalmente suicidas, y el intento estadounidense de implantar una administración democrática choca contra una organización tribal sólidamente implantada y enquistada en el país, que será muy difícil de modificar.

La administración Obama planeaba para este año retirar sus tropas en forma definitiva de Irak de manera de terminar con una invasión que nació mal, alentada por las falsas afirmaciones sobre la existencia de armas de destrucción masiva. Y que por sucesivos errores y pérdidas han ido minando la voluntad de los combatientes y del público norteamericano. Pero nada asegura que esa intención se pueda concretar, porque es indudable que se trata de un país en el que si bien hay importantes sectores de la población que quieren la paz, también hay grupos que a diario dicen presente con el único idioma que conocen: el de las armas y la violencia.