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Comienzo del
año escolar
sin sobresaltos
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tamaņo |
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Finalmente ayer dio comienzo un nuevo año escolar. Y reiterando lo sucedido el año pasado, el inicio de las clases no estuvo señalado por amenazantes conflictos gremiales ni por una lluvia de quejas sobre la demora en reparar los edificios escolares.
La enseñanza pública parece estar este marzo a salvo de un estallido gremial y eso es una excepción llamativa, ya que en todos los comienzos de clases de los últimos años -a excepción de 2009-, se había multiplicado la agitación sindical de los docentes y las amenazas de un conflicto que dejara sin clases a los alumnos de los hogares trabajadores. Y hasta sin comida a los de escuelas en las zonas desfavorecidas, donde los comedores escolares brindan esta decisiva prestación.
En contraste, este año comenzó sin amenazas conflictivas ni demasiadas protestas por los usuales déficits edilicios, más allá de alguna demora aislada.
Así las cosas, un inicio tranquilo es en esta materia un buen comienzo ya que es muy grande la tarea que tienen por delante los educadores uruguayos como para que sucesivos conflictos los desvíen de un rumbo que es decisivo para el futuro del país. Porque junto con la dependencia energética, el retraso educativo aparece entre los primeros problemas nacionales, ya que tiene una indudable proyección sobre las perspectivas de un mejor destino para los uruguayos. Y así parece entenderlo el flamante presidente, José Mujica, quien en el discurso que pronunció el lunes ante el Poder Legislativo puso singular énfasis en la necesidad de que los partidos acuerden políticas de largo plazo en esta área.
En esa materia, las escuelas de tiempo completo en las zonas más desfavorecidas representan una avanzada en la tarea de superar la exclusión y lograr llevar la educación a todos los sectores de la población. No menos importante es la escolarización temprana en todos los casos, así como la extensión del Plan Ceibal a todos los escolares del país, ya que sus efectos positivos también se multiplican en el caso de los hogares más desfavorecidos al contribuir a la socialización del niño y por qué no también, de los mayores que conviven con él. |
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