Alumbran prometedoras asociaciones
entre empresas, Estado y trabajadores

Nuestra opinión

 

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Entre conflictos, polémicas y sobresaltos de la coyuntura inmediata, la prensa no suele dar una cobertura muy destacada a asuntos que se proyectan por muchos años en el futuro del país. Ayer Ultimas Noticias, en cambio, publicó detalladas informaciones sobre dos temas que hacen al Uruguay del futuro. Y que significan un alentador paso adelante no solo en lo que refiere a las metas que se procuran sino también a los mecanismos para llevarlas a buen puerto. En un caso se habla de colaboración estratégica del Estado con la inversión privada, y en el otro de esfuerzos mancomunados de empresarios y trabajadores de un importante sector de actividad. Alumbramientos estimables que bien merecen una revisión reflexiva.

Ultimas Noticias publicó ayer dos noticias que escapan a lo simplemente coyuntural y se proyectan muchos años en el futuro del país. Referimos al anuncio de que UTE realizará inversiones cuantiosas para promover el uso de un recurso renovable -el viento- en la generación de energía eléctrica. Y también a los acuerdos entre la Cámara de la Construcción, el sindicato del sector (Sunca) y el Ministerio de Trabajo a fin de encaminar un ambicioso proyecto de capacitación de nuevos trabajadores. Ambos asuntos merecen algunas reflexiones.

Estas columnas han insistido en valorar al tema de la provisión de energía como uno de los más acuciantes en la agenda de un país que se proyecta al futuro a partir de la producción de bienes y servicios, y que por el momento está privado por completo de combustibles fósiles. Y tiene ya agotadas las posibilidades físicas de instalar nuevas represas. En este territorio de suaves ondulaciones, represamientos más allá de los realizados serían completamente antieconómicos, al sacrificar bajo las aguas de un embalse grandes extensiones de campo productivo.

No se puede hablar del tema, por otra parte, sin aludir a la situación de dependencia que genera con los grandes vecinos. En los momentos de mayor demanda del invierno, o muy especialmente cuando las represas se quedan sin agua, Uruguay no tiene más remedio que apelar a la generación ajena y comprar energía que no puede llegar más que a través de sus dos vecinos fronterizos. Afortunadamente parece ser que el tema no se ha manejado como una forma de presión política. Pero las circunstancias del Mercosur no son como para confiar que este intercambio (Uruguay también le vende energía a Argentina, en otras épocas del año) pueda mantenerse al margen de toda situación indeseable. La principal solución que se estudia a largo plazo es la instalación en el país de una central nuclear. Las centrales de este tipo están dejando de tener la mala prensa que les persiguió desde la tragedia de Chernobyl. Cuando el principal problema medioambiental que afecta a la humanidad es el efecto invernadero y el cambio climático, lo que se advierte es que la nuclear es la única forma de generación térmica que no produce gases de efecto invernadero. El problema es que subsiste una ley uruguaya que prohíbe esta forma de generación. Y que hasta los más optimistas piensan que la instalación de una planta nuclear insumirá 15 años de trabajos, sin contar el largo proceso que seguramente insumirá un acuerdo sobre su localización. Haciendo futurología polémica parece muy probable que todos los uruguayos quieran compartir los beneficios de la planta pero que ninguno quiera tenerla en su vecindad.

La buena noticia es que aparece ahora UTE intentando multiplicar la generación eólica en el país. El desafío es contar una potencia instalada de 200 megavatios en molinos, algo que supone una inversión inicial muy grande pero que, obtenidos los recursos, puede implementarse con relativa velocidad. La noticia publicada ayer en estas páginas señala además que UTE, manejando una política inteligente, tiene por meta promover la inversión privada con recursos propios que se elevan a 50 millones de dólares, generando asociaciones estratégicas y empresas mixtas que completen las inversiones que son necesarias. El costo total de la instalación de molinos para alcanzar el nivel-meta de generación se estima en 400 millones de dólares. Para el país, será un indudable avance hacia el futuro.

La otra buena noticia a la que parece oportuno referirse es, según referíamos más arriba, el acuerdo alcanzado entre trabajadores y empresarios de la construcción para crear un comité sectorial bipartito para la capacitación y formación profesional del sector. Este convenio supone aportes económicos importantes, que realizarán la Cámara de la Construcción (40 millones de pesos) y el Instituto Nacional de Formación Profesional (Inefop), persona pública de derecho privado dirigida por un consejo que integran un director general, dos delegados del Poder Ejecutivo, dos de las gremiales de trabajadores y dos de las cámaras empresarias. El Inefop aportará 80 millones de pesos para la capacitación de nuevos operarios de la construcción. Muchas veces se ha señalado que las inversiones en educación solamente arrojan beneficios muchos años después de haberlas realizado. La capacitación directa para el desempeño de un oficio en el que existe demanda de personal es una excepción, porque los resultados se ven casi inmediatamente. Y la iniciativa habla en principio de más de mil nuevos operarios capacitados. El trabajo es la única herramienta legítima y perdurable para sacar de la pobreza extrema a un ciudadano. Y en este caso se trata en general de jóvenes que van a adquirir destrezas capaces de asegurarles de aquí en más un lugar en el mundo laboral. El importante papel de los empresarios garantiza además que el esfuerzo estará orientado a formar en las vertientes laborales en las que hace falta más personal.

Por último, conviene destacar lo auspicioso del logro de soluciones conjuntas entre trabajadores y empresarios. Es por este camino, y no el de la llamada "lucha de clases", que supone un enfrentamiento eterno, que el Uruguay puede engrandecerse.