Que el interés colectivo también
obtenga voz y voto en Conaprole

Nuestra opinión

 

 Reducir Ampliar Cambiar tamaņo

El ministro de Trabajo y Seguridad Social, Eduardo Brenta, buscará un explícito apoyo del Frente Amplio a la política que desde su secretaría de Estado se desarrolla en relación al conflicto en Conaprole. Su idea, según quedó de manifiesto en una documentada nota de Ultimas Noticias de ayer, es que también pese en la mesa de negociaciones el interés de toda la sociedad, y no solamente los “intereses sectoriales”. El ánimo ministerial es perfectamente compartible. Conaprole es una industria líder en exportaciones y acciones sindicales de los últimos tiempos le han significado el incumplimiento de compromisos con el exterior. Aparte, hay una gran verdad en el trasfondo: en la industria láctea hay multitud de trabajadores -los del tambo- que ganan salarios que son una fracción de los que paga Conaprole. Estar con los pobres, en este caso, es defender a esos trabajadores rurales relegados e incluso algunos empresarios del tambo que hacen el gran esfuerzo y no ganan 43.000 pesos por mes.

En varias oportunidades estas columnas han reflejado una visión crítica sobre las actitudes del sindicato que agrupa a los funcionarios de Conaprole. Allí resulta claro que una organización gremial quiere sustituir al propio directorio en la adopción de decisiones que son privativas de una empresa. Y se advierte también que este sindicato, afectado por un síndrome que seguramente deviene de las épocas en que esa empresa tuvo el monopolio del abasto de leche a Montevideo, no se detiene a pensar en el daño que sus acciones gremiales le hacen a su fuente de trabajo y al país mismo. La idea parece ser que Conaprole es eterna y lo resiste todo. Y una mirada atenta de la realidad lo que enseña es que la empresa lechera se mueve en un mundo de furiosa competencia, en lo nacional e internacional. Y que cada conflicto afecta su economía y le significa un retroceso en los mercados. Algo que daña a toda una sociedad empeñada en colocar su producción más allá de las fronteras.

Estas actitudes sindicales han quedado en evidencia en las últimas semanas en el caso de un funcionario que fue despedido por inconducta, en el marco de una intervención judicial en que otros trabajadores fueron procesados por la Justicia. El magistrado que entendió en el episodio no encontró mérito para procesar al trabajador de marras, pero se trataba de un funcionario de obvia confianza de la dirección, con un sueldo de $ 43.000 -tomen nota los maestros, policías, soldados, cajeros y reponedores de supermercados, así como infinidad de otros trabajadores uruguayos- que violó sus obligaciones entregando mercadería sin facturar. No obstante, exigiendo la retoma del trabajador, el gremio perjudicó con medidas gremiales el abasto de productos lácteos en el país y la concreción en fecha de embarques de exportación.

Asimismo, pocos días después, se plantó otra situación conflictiva que afectó a la producción, esta vez porque otro operario fue cambiado de turno. El sindicato sostenía que el cambio debía ser previamente autorizado a su nivel, antes que las jerarquías de la empresa se decidieran por esta opción. Desde todo punto de vista es una invasión sindical en temas que son privativos de la empresa. Y un antecedente nefasto para el normal desarrollo de un emprendimiento productivo, que no puede manejarse en asamblea con el sindicato.

Conaprole nació como una cooperativa de productores de leche. Fue en épocas en que el abasto a Montevideo se hacía a través de tambos barriales y su ingreso significó un notable progreso sanitario, al entregar a la población solamente leche pasteurizada y estrictamente controlada en su higiene. El monopolio del abasto de leche fresca se concedió con algún grado de control estatal, sentándose en su directorio representantes de la Intendencia y del Poder Ejecutivo. Conaprole, como está a la vista, creció y derivó en una empresa líder, ya en competencia en lo nacional y en conquista de difíciles mercados del exterior. Hoy gran empresa, distintas circunstancias han mediatizado un accionar en constante defensa de los productores rurales. Así se ha generado una gran estructura institucional y se alimentó con muy buenos sueldos a un conjunto de funcionarios cuyo sindicato ha tenido a través de los tiempos demandas inagotables.

Es así que Uruguay, país donde la industria lechera es particularmente competitiva, quienes verdaderamente edificaron esta valiosa diferencia que permite que los productos lácteos uruguayos sean colocados en el exterior y se defiendan sin problemas en el mercado interno, no son los principales beneficiarios de este logro. Porque la diferencia competitiva de la producción uruguaya de leche se debe al inteligente trabajo de los productores, a las reservas forrajeras, al progreso genético y al agotador esfuerzo de los empleados de los tambos, que son los que llevan la parte más modesta. Son los verdaderos "proletarios" de esta historia. Como lo son también en muchos casos algunos empresarios tamberos que por temas de escala o tecnología a veces trabajan casi a pérdida.

Esta gente, los trabajadores y empresarios de los tambos, son además los que sufren por la sequía o por el cierre de mercados, o porque ventas largamente anunciadas no consiguen concretarse. Los funcionarios industriales, en estos casos, siguen cobrando sus buenos sueldos. Y apenas durante la última seca, pasaron en poquísimos casos a un seguro de paro rotativo que se sostuvo por algunos meses mientras los tambos se fundían, se carneaban vacas y se perdían semillas, trabajo y fertilizantes en el inútil esfuerzo por hacer crecer algún salvador verdeo.

Es bueno, en fin, que el interés colectivo y la verdadera justicia social encuentren voz y voto en las negociaciones entre Conaprole y sus funcionarios. Y que finalmente se piense en los verdaderos postergados del negocio lácteo, que están en sus cimientos y no en la industrialización final.