La pasión por la Celeste también
apoyará el combate a las drogas

Nuestra opinión

 

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Realmente fueron oportunas las apelaciones del presidente de la República, José Mujica, en el sentido de aprovechar el generalizado orgullo por la actuación celeste para apoyar la práctica del fútbol en escuelas y liceos. La idea es que la práctica del deporte que más convoca a los uruguayos sirva también para combatir el ocio, el sedentarismo y la droga entre los uruguayos del futuro. Es una buena idea, que podría corregir decenios en que la educación física en los institutos de enseñanza le dio la espalda al fútbol. Y además de su valor como herramienta formativa y como prevención de las adicciones, estas nuevas oportunidades de jugar fútbol pueden alimentar el semillero de talentos que Uruguay necesita para seguir desafiando a la demografía con el surgimiento, en una población pequeña, de tantos grandes valores de un deporte que ya es universal.

Los uruguayos, tan proclives al desacuerdo y la polémica, han encontrado en la participación celeste en el mundial un remanso sin sentimientos encontrados. La gente en todo el país ha salido a la calle sin otra bandera que la que une a todos, manifestando una alegría sin barreras por las buenas actuaciones del equipo. Y esto ha sido especialmente notorio entre los más jóvenes, que por primera vez en su vida son testigos de una gran actuación del seleccionado nacional.

Hace pocos días estas columnas señalaban el valor del fútbol como aglutinante de los sentimientos de toda la sociedad uruguaya. El presidente Mujica, en comentarios informales que realizó al salir de una celebración diplomática en la Embajada de Venezuela, advirtió también sobre el potencial del fútbol como motor de la afición deportiva de niños y jóvenes. Y como herramienta de inestimable valor para mantener a las nuevas generaciones lejos de la droga, ese flagelo que hoy en el país frustra las esperanzas depositadas en tantos jóvenes que se malogran.

Según lo manifestado por el presidente Mujica, el fervor futbolístico que despertó la Celeste debe de ser aprovechado para dinamizar entre niños y adolescentes la práctica del fútbol. El mandatario incluso habló de campeonatos escolares y liceales y ni siquiera excluyó -muy por el contrario- a las integrantes del mal llamado sexo débil de esta convocatoria deportiva.

La primera idea fue volcar hacia el fútbol el programa de estímulo al boxeo juvenil que el anterior mandatario había lanzado con el título de "K.O. a las Drogas". En realidad no hay nada contradictorio y ambos programas podrían perfectamente desarrollarse en paralelo, aunque es evidente que la popularidad del fútbol es mucho más extendida y especialmente convocante en estos momentos.

Desde todo punto de vista, esta iniciativa es compartible. Nada peor hay para un muchacho que el ocio improductivo, generador de angustias y de vicios. La práctica del deporte se reconoce desde hace siglos como un antídoto eficaz y como un factor de socialización de estimable valor. La llama encendida por este Mundial sí que puede aprovecharse para dinamizar la práctica del deporte. Y los institutos de enseñanza pueden tener un valor protagónico en ese emprendimiento.

Ya el hecho de mantener a los niños y muchachos entretenidos y ajenos a tentaciones degradantes sería un gran logro. Pero el deporte, además, es un factor cada día más estimado para la salud física, para la prevención y el combate de la enfermedad cardiovascular, la obesidad y también la diabetes. Jóvenes deportistas no le impondrán cargas demasiado pesadas al sistema de salud.

Y si se piensa que el fútbol siga siendo el factor de cohesión social que gran parte del Uruguay comenzó a descubrir en estos días, es imprescindible mantener cada vez más abierto el semillero de nuevos talentos. Los grandes nombres de la historia del fútbol uruguayo eran casi unánimemente originarios de un Montevideo lleno de baldíos, de calles apenas transitadas, de canchitas en las que era fácil improvisar un picado. Con el paso de los años, los talentos futbolísticos empezaron a llegar desde el interior del país, dónde seguían vigentes las oportunidades de aporrear una pelota y de escuchar el llamado de un juego que por algo se convirtió en el primer deporte en el país.

Pese a los antecedentes, por muchos años la educación física en los centros de enseñanza, tanto en el ámbito oficial como privado, excluía al fútbol. Y esto es en definitiva lo que el primer mandatario propone cambiar. Está muy bien que surjan los campeonatos interescolares e interliceales, o incluso que se exonere la materia liceal Educación Física justificando la práctica del fútbol en un club deportivo. Lo que hace falta son canchas, arcos pintados contra una pared, baldíos limpios en que la pelota consiga picar.

El proyecto del presidente Mujica va en la misma dirección "La expectativa que tengo -dijo- es que todas las escuelas hagan un campeonato de fútbol en el Uruguay entero para pelear contra la droga. Que agarremos la globa como excusa y no empecemos con que nos falta esto o lo otro. Si no tenemos cancha tenemos calle, transformemos esto en una victoria contra la droga".

Si tal cosa se logra, Uruguay habrá ganado en este campeonato mundial mucho más que una figuración privilegiada, que no puede más que enorgullecer a un país con tres millones y medio de habitantes, que ha dejado por el camino a naciones mucho mayores en población, territorio y poderío económico. La droga es hoy uno de los grandes problemas que aquejan a esta sociedad. Y se sabe que nunca se logrará una victoria completa solamente con represión. Importa mucho darles a los jóvenes un motivo sano para encauzar su energía. Importa ofrecerles una alternativa atractiva al ocio, las malas juntas, el sedentarismo de la televisión o los videojuegos. Y es cierto que esta coyuntura ofrece una situación perfectamente ideal para realizar un gran esfuerzo en el estimulo a la práctica del fútbol entre niños y jóvenes.

De lograrse, más allá de lo que ocurra de aquí en lo sucesivo, la de Sudáfrica habrá sido una victoria resonante para una sociedad unida como pocas veces tras los colores de su selección de fútbol.