Lo trascendente es que los alumnos
aprendan, no el monto presupuestal

Nuestra opinión

 

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Mientras los gremios de la enseñanza apuntan sus baterías para reclamar que el presupuesto educativo alcance el 6% del producto, oportunas declaraciones a Ultimas Noticias del vicepresidente Danilo Astori señalan la inconveniencia de fijar gastos atados al PIB y subrayan un criterio funcional, en que la asignación de fondos resulte de necesidades concretas. En esta materia es preocupante advertir que nadie -especialmente en el gremio docente- habla de un proyecto para mejorar la enseñanza de matemáticas o la comprensión lectora de alumnos que egresan con déficits gigantescos en temas decisivos para el futuro individual y el de todo el país. Pero sí se hace una reclamación genérica, que huele a demanda corporativista por salarios y que no tiene que ver con la necesaria mejora de la formación de los jóvenes uruguayos.

En declaraciones a Ultimas Noticias el vicepresidente Danilo Astori subrayó la inconveniencia de atar el monto del presupuesto educativo a un porcentaje fijo del Producto Interno Bruto. Le asiste razón por los motivos que en la ocasión expuso. Y también por una razón esencial a la que no aludió en esta oportunidad, pero que había señalado semanas antes de asumir: el aumento del presupuesto no siempre se refleja en una mejora en la calidad de la educación.

Es de Perogrullo que lo que Uruguay necesita es una mejor educación para sus futuras generaciones y no simplemente aumentar los gastos destinados a la empresa educativa. Y es lamentable advertir que en Uruguay se habla mucho de educación a través de gremios docentes cada vez más virulentos en sus demandas, ahora alentadas por el ingreso de representantes sindicales a los consejos que rigen la enseñanza pública, pero nadie dice una palabra -por ejemplo- sobre los procedimientos pedagógicos para mejorar la enseñanza de matemáticas, un déficit crucial para la preparación de quienes vivirán el nuevo mundo del conocimiento.

Nadie brinda, tampoco, explicaciones sobre el motivo por el cual, luego de varios años de enseñanza del inglés, ningún alumno exclusivo de la enseñanza secundaria pública es capaz de farfullar una frase completa en este lenguaje, o lo hace con la velocidad y entonación que las viejas películas del oeste le atribuían al cacique Toro Sentado. Aparte, todos estos alumnos resultan unánimemente incapaces de comprender un inglés hablado con fluidez. Entretanto, los uruguayos creemos en la ficción de que estamos formando a nuestros jóvenes para un mundo en que el inglés es la lingua franca de los negocios y la tecnología. Este tema no está sobre el tapete de la discusión pública, no hay siquiera una amenaza de incorporar recursos para mejorar esta situación, por lo que la perspectiva de los próximos años es que el país siga haciendo como que se enseña inglés y se quede conforme con eso.

¿Y la comprensión lectora? Según el estudio internacional comparado que efectuó la Ocde, los alumnos uruguayos tienen un déficit de gran importancia en este tema, absolutamente básico para la incorporación de cualquier conocimiento. Sin una adecuada capacidad de interpretar lo que se lee es muy difícil abrirse camino en un mundo en que cualquier herramienta de trabajo tiene su manual. Y ni que hablar -es otro ejemplo- del tamaño de los manuales de los equipos agrícolas modernos que en estos días se presentan en la Expoactiva de Soriano. Sin una adecuada comprensión lectora lo que se tiene es un analfabeto funcional, apenas dotado para tareas que no exijan formación alguna. E incapaz de apoyar un proyecto de país productivo.

Mejorar la educación es resolver estos problemas y muchos otros que claramente padece la educación pública uruguaya. En todo caso, se pueden pedir rubros para proyectos concretos, como para traer profesores de matemáticas del exterior a formar profesores uruguayos, o publicar nuevos textos que faciliten el aprendizaje de las matemáticas, o incorporar recursos audiovisuales que permitan dar a los alumnos una adecuada formación en inglés.

De allí que no quepa más que acompañar la posición del vicepresidente cuando señala sus puntos de vista sobre el modo en que debe actuar el gobierno "me parece mejor estimar necesidades, fijar prioridades y en función de eso abastecer nuevos recursos para las distintas áreas. Se le dará a la enseñanza lo que necesita, después veremos qué monto se requiere. Vamos a analizar las necesidades y en función de eso estimaremos los recursos".

En contraste, los gremios reclaman ahora un presupuesto educativo equivalente al 6% del PIB, especialmente alentados por las palabras del presidente Mujica al ser investido ante la Asamblea General. En esa oportunidad el nuevo mandatario no pudo ser más enfático en cuanto a su propósito de brindar una atención prioritaria a la educación. En una de las frases de ese discurso, que no puede menos que compartirse, Mujica sostuvo que "los gobernantes deberíamos ser obligados todas las mañanas a llenar planas, como en la escuela, escribiendo 100 veces 'debo ocuparme de la educación'. Porque allí se anticipa el rostro de la sociedad que vendrá. De la educación dependen buena parte de las potencialidades productivas de un país".

Pero una cosa es promover una mejora de la educación y otra muy distinta tomar la decisión de arrojar dineros públicos en un barril sin fondo. Mejorar la educación quiere decir implementar soluciones para sus actuales problemas. Proyectar soluciones para superar la penosa falta de resultados de la enseñanza actual en materia de matemáticas o comprensión lectora o enseñanza del idioma inglés. Si hay que aumentar presupuestos es en base a la presupuestación de esos proyectos concretos, cuyos resultados deben además evaluarse con frecuencia. Como se debe también evaluar a los profesores en cualquier área: por los resultados de su trabajo en la formación de los alumnos.

Las viejas maestras de estirpe vareliana que hace 50 o 60 años enseñaban en las escuelas públicas ganaban sueldos pésimos pero tenían la túnica puesta como si fuera la celeste. Con orgullo sostenían que no era posible acceder en el país a una formación mejor que la que brindaba la escuela pública, gratuita, laica y obligatoria. Nadie pide que no se contemplen demandas salariales justas del gremio docente. Pero conviene recordar a esas maestras a la hora de calibrar algunas demandas actuales.

En especial, teniendo en cuenta qué resultados se obtienen hoy del trabajo de maestros y profesores.