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Atendible postergación del censo no
mitiga prisa por contar con sus datos
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tamaņo |
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La nueva directora del Instituto Nacional de Estadística dio cuenta de la postergación, por razones atendibles, del censo de población previsto para setiembre de este año. El del censo es un esfuerzo complejo, que contará esta vez con un presupuesto de 10 millones de dólares y con el concurso de entre 6.000 y 8.000 recolectores de datos. Y que, a diferencia de todos los antecedentes, se efectuará en el correr de treinta días, y no en una misma y única jornada. Es obviamente necesario tomar las mayores providencias para que el esfuerzo rinda los datos más fiables. Pero no se puede dejar de lado que han pasado ya 15 años desde el censo anterior y que en materia de población hay a la vez un gran
problema nacional y subsisten algunas incógnitas que es necesario despejar cuanto antes.
Seguramente la decisión de postergar el Censo Nacional de Población, inicialmente previsto para setiembre de este año, responde a poderosas y muy atendibles razones. Esta noticia fue anunciada días atrás, al asumir su cargo, por la nueva directora del Instituto Nacional de Estadística (INE), Laura Nalbarte. Es así que el importante estudio finalmente tendrá lugar en un momento aún no determinado de 2011. De este modo, según se explicó, la organización censal podrá poner a prueba los formularios que se utilizarán y hacer un ensayo más profundo de la nueva metodología que será inaugurada en esta oportunidad.
Hasta ahora, los censos nacionales de población se realizaban el mismo día en todo el país. En el próximo, la intención es que el levantamiento de los datos se ejecute durante todo un mes, lo que permitirá atender mejor la compleja logística de una investigación de tanta importancia.
El presupuesto estimado de este censo es de 10 millones de dólares, mientras que la realización de los trabajos de campo requerirá del concurso de entre 6.000 y 8.000 encuestadores. Según una estimación de Alicia Melgar, anterior directora del INE, el desarrollo de las tareas de recolección de datos en un mismo día hubiera requerido el concurso de 80.000 encuestadores, haciendo mucho más complejo un operativo en que la formación de los recolectores de datos es un aspecto central.
Era claro que entre el fin del período electoral y el comienzo de la temporada veraniega -que lo complica todo, porque la idea no es medir turistas extranjeros ni falsear resultados con la población que en esos meses se desplaza a la costa- quedaba en 2010 una ventana más bien estrecha en que sería posible implementar la iniciativa. Es claro entonces que la opción era postergar los trabajos hasta el año próximo y hacer todos los esfuerzos necesarios para que el trabajo se realice eficazmente y produzca resultados fidedignos.
Admitiendo como válidas las motivaciones a las que se alude, no es posible soslayar que la realización del censo tiene una enorme importancia para el país. El último de población se efectuó hace 15 años, cuando tanto los criterios técnicos como las disposiciones legales exigen que tal estudio se realice cada 10 años. Por lo demás, Uruguay tiene un problema demográfico de gran magnitud, señalado por la escasa natalidad, por el envejecimiento cada vez más marcado de la población y por corrientes migratorias que han llevado fuera de fronteras a miles de jóvenes dispuestos a forjar su futuro en otros países.
En lo que tiene que ver con el fenómeno migratorio los estudios que existen son más bien precarios y muy probablemente estén desajustados con una realidad que es necesario investigar. En los últimos años, las cifras que se han manejado responden a una suerte de cuenta corriente de viajeros realizada por la Dirección de Migraciones, comparando la cantidad de viajeros que entran o salen del territorio por no todos los puestos de control internacional. Es un método al que no se le puede atribuir una fiabilidad inatacable, mientras que el dato importa, y mucho, para algunos diagnósticos sociales que son imprescindibles.
Uruguay ha estado omiso a lo largo de años en el establecimiento de políticas que estimulen la natalidad y permitan avizorar un crecimiento de la población, que por el momento se aproxima cada vez más a una situación de equilibrio entre el número de nacimientos y de decesos, algo totalmente indeseable por razones singularmente importantes. Como por ejemplo, la insostenibilidad de un sistema de seguridad social en que el número de activos y de pasivos sea casi igual.
De allí que disponer cuanto antes de los datos del censo, tan importantes para el establecimiento de cualquier política poblacional, así como para tantas otras decisiones de gobierno, sea una clara prioridad nacional. De allí también que el país espere que las dificultades que existieron para realizar el censo este año -muchos funcionarios del INE trabajan hoy con camisetas con la leyenda “Censo 2010”- se superen en los primeros meses “hábiles” -¿será después de Semana de Turismo?- del año próximo, cosa de enfrentar cuanto antes al país con un aspecto trascendente de su realidad y un indicador valioso para la programación de un futuro mejor. |
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