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Anuncian gran inversión para
asegurar la energía del futuro
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tamaņo |
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La interpretación juvenil de la última reunión del Gabinete Productivo muy bien podría ser que el presidente Mujica les “puso las pilas” a sus ministros para que aportaran a la brevedad un plan que permita dotar de energía al crecimiento económico del país. Se habló de un plazo de 15 días y de varias alternativas que ya están en camino de implementación, como la planta regasificadora común con Argentina, la interconexión eléctrica con Brasil
o la posibilidad de que gas boliviano llegue al país a través del tendido argentino de gasoductos sin que
eso comporte el pago de un “peaje” demasiado oneroso. Un tema que bien merece algunos apuntes.
Días atrás, estas columnas subrayaban el apoyo oficial a la instalación en el país de dispositivos eólicos capaces de suministrar una fracción significativa del creciente consumo de energía eléctrica en el país. Se sostuvo entonces que el de la energía -junto a la enseñanza- es uno de los dos temas prioritarios de la agenda hacia el futuro de Uruguay. Y hoy conviene repetirlo ante las informaciones que surgieron de la reunión que en la antevíspera mantuvo el llamado Gabinete Productivo y en la que el propio presidente José Mujica enfatizó la necesidad de adoptar ya resoluciones en esta materia y dio cuenta de la disposición del Estado a promover en esa área inversiones que alcanzarían los 5.000 millones de dólares.
Integran el Gabinete Productivo los ministros de Industria, Energía y Minería, Economía y Finanzas, Trabajo y Seguridad Social, Ganadería, Agricultura y Pesca, Turismo y Deportes y el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. Terminada la reunión, el ministro de Industria y Energía, Roberto Kreimerman, dio cuenta a la prensa de las opiniones del presidente y de los pasos que se darán en las próximas semanas para que la inquietud gubernamental se refleje en acciones ya encaminadas a dar pasos concretos en materia de provisión de energía.
A diferencia de tantas otras ocasiones en que el tema energético mereció la atención del gobierno, en esta oportunidad el desencadenante de la preocupación no fue la escasez de agua en las represas o problemas inmediatos con el suministro de electricidad. Por el contrario, la inquietud surgió de la necesidad de alimentar con energía el crecimiento económico del país. El mismo Kreimerman ilustró la situación con un fuerte dato estadístico: por cada 1% de crecimiento en el Producto Bruto de un país, se suma una demanda de energía creciente en un 0,7% sobre los umbrales anteriores. El crecimiento económico, que conlleva aumento de las fuentes de trabajo y del bienestar, debe alimentarse con un crecimiento paralelo de la oferta de energía.
Es este un buen modo de verlo hacia el futuro, en momentos en que hay buenos vientos (más bien, buenas lluvias) para la generación de energía eléctrica en el país. Pero no se puede ocultar que la situación uruguaya es francamente deficitaria y que en las ocasiones en que la generación térmica debe aportar lo que las represas ya no producen por sequía, los gastos en combustibles fósiles desequilibran las cuentas oficiales y el rendimiento sigue siendo deficitario. Y por esta causa no hay más remedio que apelar a aportes que llegan desde -y en un futuro también a través- de los países vecinos. Se trata de un escenario de dependencia, que todavía no ha llegado a doler demasiado, pero quizá sólo porque los piqueteros de Gualeguaychú no parecen haber advertido que hay cortes mucho más dolorosos que el del puente San Martín.
El ministro Kreimerman señaló en principio tres caminos para promover avances en la matriz energética nacional. En ese sentido, hizo una detallada referencia a la instalación en el país de una planta regasificadora que alimentará de gas natural a Uruguay y Argentina, tema que ya está encaminado y en el que Uruguay aspira a solicitarle a su socio de la vecina orilla del Plata un importante adelanto en el encaminamiento de la iniciativa.
De los manejados por el ministro, el de la planta regasificadora es el proyecto más alentador y el más adecuado para superar una situación de dependencia de energía. La planta regasificadora -las hay instaladas sobre buques- permiten comprar el gas natural como se adquiere el petróleo, en cualquiera de los potenciales proveedores, y transportarlo licuado en grandes buques metaneros. El gas licuado se vuelve a gasificar y queda en condiciones de ser inyectado a los gasoductos y a la red domiciliaria. En el caso de la planta proyectada, el gas se dividiría en partes iguales entre los dos países socios y la parte argentina llegaría a Buenos Aires a través del gasoducto Cruz del Sur, hoy lamentablemente subempleado.
Las otras iniciativas manejadas por Kreimerman fueron la interconexión eléctrica con Brasil, que cuenta en la región con grandes represas e importantes usinas de generación con carbón, caso en el que se tendería a realizar compras fijas de suministro y a mantener la posibilidad de ampliarlas en los casos en que sea necesario. También se habló de la posibilidad de que a través del tendido argentino de gasoductos llegue a Uruguay gas boliviano a bajo precio y sin pagar a Argentina más que los gastos de transporte. Es una alternativa favorable para el país, pero Bolivia, tras su proceso de privatizaciones en el área del petróleo y del gas, no estará por muchos años en condiciones de generar una cantidad de gas natural como para atender la demanda argentina y uruguaya.
Nada se dijo, y es una pena, de la energía atómica. No obstante, se trazó un panorama más optimista y se dieron muestras claras de la voluntad del gobierno de impulsar soluciones a mediano plazo que puedan apoyar el crecimiento económico. Se habló de una cifra de inversión de 5.000 millones de dólares y de promover iniciativas conjuntas con la actividad privada. Si es así, el país estará dando un largo paso hacia adelante. |
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