Saludar el crecimiento atentos a un
escenario mundial de inestabilidad

Nuestra opinión

 

 Reducir Ampliar Cambiar tamaņo

Datos muy alentadores señalan un fuerte crecimiento de la economía nacional en el primer trimestre de 2010. Proyectados a todo el año, augurarían un aumento del producto cercano al 9%, más que satisfactorio en un mundo lleno de incertidumbres. La cifra promueve una gran confianza en el futuro inmediato, pero no conviene dar por sentado que en la presente coyuntura internacional Uruguay siga teniendo todo a su favor. Conviene entonces una reflexión sobre la oportunidad de prevenir un futuro incierto.

Son muy alentadoras las noticias que se dieron a conocer ayer sobre el crecimiento de la economía uruguaya, que en el primer trimestre de 2010 sumó al Producto Bruto Interno nacional un 1,7%. Este valor, en un cálculo anualizado, permite estimar que el crecimiento será casi del 9% en los 12 meses, algo muy inusual en un mundo en que hasta los países más poderosos viven momentos de crisis, estancamiento o, en el mejor de los casos, tímida recuperación.

Estos niveles de crecimiento sorprendieron en gran medida a los analistas. E incluso a las autoridades económicas, que esperaban un desempeño que ya era bueno, ubicado en el 5,1%, pero que los nuevos datos superan con holgura.

Los consultores económicos, también manejaban pronósticos se alineaban en el entorno de la previsión oficial. Obviamente este primer dato no es garantía de que se alcance el 9%, pero sin duda augura un crecimiento mayor al pronosticado.

De acuerdo a la información que brindó el informe trimestral de cuentas nacionales del BCU, el incremento del PBI se apoya en el crecimiento de la demanda interna de la economía, que aumentó 11% sobre el mismo trimestre de 2009, como “resultado del comportamiento expansivo del gasto de consumo final y de la formación bruta de capital”.

Los sectores que más contribuyeron al aumento fueron respectivamente suministro de electricidad, gas y agua (297,4%), transporte, almacenamiento y comunicaciones (13,4%), comercio, restaurantes y hoteles (10,8%), agropecuario (5,9%), industria manufacturera (4,6%) y otras actividades de servicios (3,1%). La construcción cayó un 2,6%, lo que se atribuye a una menor participación del sector público en el período. A su vez, el explosivo crecimiento del suministro de energía se debió al contraste con los graves efectos que en 2009 provocó la sequía, obligando a apelar a la generación térmica y a la compra de energía en los países vecinos.

Es sin duda auspicioso que se registren los anotados niveles de crecimiento. Si se concreta el 9%, o un valor similar, Uruguay se aproximará a los niveles de Brasil, hoy convertido en un fuerte animador de la economía mundial. Es evidente, también, que el crecimiento de este vecino, que es el primer socio y cliente comercial uruguayo, es un dato muy favorable para la economía del país y uno de los vectores del aumento de la actividad nacional.

No obstante el optimismo que puede generarse a partir de estas realidades, es en momentos así que conviene actuar con prudencia en el gasto, de modo de generar ahorros que permitan aplicar políticas anticíclicas en horas de adversidad. El mundo no ha superado aún la crisis financiera que se desató en las naciones desarrolladas como resultado de la burbuja inmobiliaria y las hipotecas “sub prime”.

Y hoy la situación europea, con la crisis griega, las dificultades en Portugal y España, y el fortísimo ajuste alemán no augura grandes tiempos para la demanda comercial, dato nada menor para un país que basa sus mejores perspectivas en el incremento de sus exportaciones.

De allí que convenga ahorrar y mantenerse expectante, antes de decidir mayores gastos especulando sobre el reflejo del crecimiento del PBI en la recaudación impositiva. Este es un año muy especial, en razón del presupuesto quinquenal que debe tramitarse a partir de agosto y a la presión gremial por alza de salarios y otros beneficios que esta instancia siempre trae aparejada. En una coyuntura económica que aparece como favorable, la tentación de abrir compuertas al gasto es muy grande, especialmente cuando parece que ese procedimiento es el que calmará cualquier tipo de agitación social. No obstante, los datos sobre la economía nacional se dan en un mundo cambiante y en el que siguen vigentes incertidumbres económicas que no pueden soslayarse.

Los observadores entienden hoy que la actividad económica en los Estados Unidos tiende al crecimiento. No obstante, las intervenciones estatales y las operaciones de salvataje de empresas han dejado un déficit sideral, al que inevitablemente habrá que atender con medidas que acotarán el gasto estatal. Persisten además los altos niveles de desempleo, pese a las fuertes con- trataciones temporales que realiza el Estado con motivo del próximo censo. No son estos buenos augurios para el crecimiento de la demanda en el mercado interno norteamericano y en las exportaciones a ese país.

El motor alternativo es China pero tampoco puede esperarse que su demanda sostenga por sí sola niveles de precios de las llamadas commodities en niveles como los que se vieron en los mejores años para la economía uruguaya, según ocurrió entre 2003 y 2008.

El tema es entonces recibir las buenas noticias con alegría pero sin gastar por adelantado. Reina el buen tiempo en las cercanías, pero el panorama mundial está nublado y tormentoso. Y las amenazas hay que tenerlas en cuenta para prevenir que cualquier nubarrón sorprenda al país a la intemperie.