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Cese a término del piquete augura
final de la hostilidad con Argentina
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tamaņo |
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La diplomacia directa del presidente Mujica se anotó ayer el cuarto gol uruguayo de la jornada con el levantamiento, aún provisional, del piquete que cortaba el tránsito entre Uruguay y Argentina. Pasamos de la exigencia de relocalizar Botnia a la de monitorear sus efluentes. Pasamos de la proclamación del piquete como “causa nacional” a la amenaza de procesar judicialmente a quienes mantengan el corte. Los piqueteros todavía pueden hacer algún daño, pero
el episodio señala el comienzo de la cicatrización de las heridas que separaban a uruguayos y argentinos.
Pasados ya los tres años y medio del establecimiento de un piquete que impide la circulación de vehículos por el puente binacional que la une Fray Bentos, la llamada “Asamblea Ambiental de Gualeguaychú” resolvió finalmente levantar la medida a partir de las 13 horas de mañana sábado. En una votación no demasiado holgada -402 a favor de la propuesta, 315 por seguir el corte- los asambleístas acotaron el levantamiento a un período de 60 días en los que se mantendrán expectantes sobre la voluntad del gobierno uruguayo de autorizar un monitoreo interno de la planta de UPM, anunciando que si no los satisface la solución que se encuentre volverán a establecer el corte.El paso de los piqueteros es el primer gesto razonable de los presuntos ambientalistas piqueteros en más de tres años y medio. Más de mil trescientos días en que no quisieron escuchar ninguno de los múltiples informes que señalaron sin excepciones que la planta no contamina el medio ambiente circundante. Y mucho menos a la ciudad de Gualeguaychú, ubicada a 22 kilómetros de la gran chimenea que corona el establecimiento. El primer comentario es que el levantamiento del corte puede valorarse antes que nada como un triunfo del presidente Mujica, que logra en el cuarto mes de su mandato un paso significativo hacia la definitiva solución de un conflicto que se había cristalizado. El mismo presidente valoró que el levantamiento era “el cuarto gol de la jornada”, sumando uno suyo a los que en Sudáfrica convirtieron Forlán y Pereira.
La diplomacia de José Mujica logró activar la voluntad del gobierno argentino, que era claramente lo necesario. El mismo no se comprometió con el envío de la Gendarmería a reprimir a los piqueteros, algo que hubiera significado un eventual costo político para los Kirchner, pero pasó hábilmente el tema al ámbito judicial. Fue así que se promovieron las decisiones que terminaron por torcer la voluntad de los asambleístas, ante la posibilidad de que, de persistir el corte, terminaran procesados por un llamativo catálogo de delitos. Aplausos entonces para el presidente Mujica y una mirada piadosa sobre el anterior titular del Ejecutivo argentino, que declaró el corte como “una causa nacional” y se proclamó como “el primer piquetero”, cuando ahora su propia esposa abre el camino hacia el procesamiento judicial de los presuntos ambientalistas.
De todos modos, a juicio de estas columnas, habrá que dejar pasar algún tiempo antes de echar con verdadero entusiasmo las campanas al vuelo. Monitoreo interno conjunto puede querer decir muchas cosas. Entre los gobiernos seguramente las soluciones se buscarán de un modo racional. Pero de los piqueteros lo último que puede esperarse, vistos los antecedentes, es racionalidad.
La solución, según ya lo señaló el presidente Mujica, es que el monitoreo se extienda a la condición de las aguas en todo el río. Y que, si finalmente se realiza un control interno de la planta de UPM, el mismo debe quedar a cargo de técnicos que podrán ser uruguayos y argentinos, pero calificados por antecedentes relevantes en su especialidad. Esa es la solución que parece apropiada, incluso pensando que la pretensión argentina es de algún modo lesiva de la soberanía nacional. Ocurre que este hecho pasa a perder importancia si el vecino país asegura que obrará con reciprocidad en el caso de otras instalaciones potencialmente contaminantes en la ribera argentina, para permitir que técnicos uruguayos las inspeccionen in situ. Lamentablemente en la orilla derecha hay fuentes de contaminación, ya sean grandes frigoríficos como extensas explotaciones agrícolas que desde la margen argentina terminan volcando fertilizantes o pesticidas sobre las aguas binacionales.
El problema que subsiste es que los piqueteros de Gualeguaychú, aplicando la ceguera fanática que los caracterizó durante todo el desarrollo del conflicto, piensen que el monitoreo debe quedar a cargo de Fritzler, De Angeli o algún otro de los fanáticos que tanto daño le han hecho al Uruguay en los últimos años. Incluso sin llegar a eso, existen muchas otras opciones inaceptables que los piqueteros más radicales pueden respaldar en ánimo de recobrar el control de la “Asamblea Ambiental” en la que en la antevíspera perdieron el control por 97 votos.
Sea como sea, es un gran paso adelante. Hasta hace algunos días la reclamación piquetera era la “relocalización” de la planta. Hoy ya es muy distinto: el tema es el monitoreo. El delirio de los últimos años se reduce a lo que siempre debió de ser: un tema técnico. La gran cuestión es si la planta contamina o no. Y ese es un tema estrictamente técnico, que se debe dilucidar (en realidad ya está claro) con la participación de científicos y con mediciones objetivas. Ya las ha habido y en esta materia Uruguay no tiene ningún temor. Sí la expectativa de que finalmente todo este tema deje de enturbiar una relación de hermandad que viene desde los principios de la historia independiente de ambos países, y que especialmente se expresó en su momento entre la Banda Oriental y Entre Ríos, esa provincia que todavía hoy enarbola la bandera de Artigas. |
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