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Provocar el 1º de marzo: mala idea
de los piqueteros de Gualeguaychú
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tamaņo |
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Se anuncia que los piqueteros de Gualeguaychú quieren prolongar su militancia contra la fábrica de celulosa instalada en Fray Bentos realizando una protesta en la plaza Independencia de Montevideo, precisamente durante el acto de transmisión del mando. Se trata de una provocación inadmisible, porque viene a perturbar un acto solemne de la liturgia democrática uruguaya, que no es para nada lugar apropiado para la exposición de diferencias sino para reconocer con unción republicana el veredicto de un pueblo que se expresó en las urnas para elegir al ciudadano que conducirá sus destinos
en los próximos cinco años. La esperanza es que recapaciten y no se les ocurra venir a perturbar una jornada solemne.
El resultado de una acción así no puede ser más que malo para futuras relaciones que el pueblo uruguayo quiere recomponer.
Noticias de prensa señalan que la llamada “Asamblea Ambiental de Gualeguaychú” habría encomendado a una suerte de “comité de acciones” la organización de manifestaciones de protesta contra la fábrica de celulosa de Fray Bentos para que se desarrollen en la plaza Independencia durante el acto de transmisión del mando presidencial del 1º de marzo.
Se trata de una muy mala idea que no puede más que definirse lisa y llanamente como una provocación, de la que pueden resultar consecuencias más que penosas para las relaciones entre Uruguay y Argentina, precisamente en el momento en que el presidente electo ha fijado entre sus grandes líneas de acción un estrechamiento en las desgastadas relaciones entre los vecinos del Plata.
Esta provocación debe ser evitada, apelando en primer lugar a lo que puede quedarles de sensatez a los llamados “ambientalistas” -su único antecedente como tal no es más que haber echado perfume después de ir al baño- para que adviertan la desmesura de encarar una acción de esa naturaleza. La transmisión del mando presidencial es un acto sagrado para la liturgia democrática de Uruguay. Aquí, a nadie siquiera se le pasaría por la cabeza la idea de ventilar conflictos en el momento en que el veredicto del pueblo uruguayo, libremente expresado en las urnas, se refleja en el relevo de quien fue elegido para conducir los destinos del país.
Menos que menos es admisible que alguien de afuera venga a perturbar esa hora de republicana celebración con eslóganes insostenibles, cuando ya varios años de funcionamiento de la planta y centenares de estudios responsables han dejado en claro que esta no contamina el medio ambiente, ni perjudica de modo alguno a habitantes de la margen derecha del río Uruguay.
Eso sí, una provocación de esa naturaleza lo que estaría mostrando es a gente que le ha hecho un inmenso daño a Uruguay con el corte de los puentes, en violación de los derechos a desplazarse de uruguayos y argentinos, de las normas legales y de los acuerdos del Mercosur. Aparecerán agitando sus camisetas en el momento en que los uruguayos participan de un acto solemne de su calendario democrático, nada menos que en la ocasión en la que se celebran los 25 años de la instalación del primer gobierno democrático luego de una larga y dolorosa dictadura.
¿Puede esperarse que de este acto de provocación inadmisible surja alguna cosa buena para las relaciones entre Argentina y Uruguay? La respuesta es, rotundamente, que no. Eso sí, pueden esperarse consecuencias nefastas. Ya en una anterior irrupción piquetera por la plaza Independencia, hace algunos meses, hubo golpes, escupitajos y una intervención policial oportuna que impidió males mayores. El día de la transmisión del mando, perturbando un acto solemne, el agravio para los uruguayos es aún mayor. Y conviene que se tenga en cuenta. No solamente por los piqueteros argentinos, sino también por cualquier organización uruguaya que pudiera darles un apoyo en esa oportunidad. Puede estar muy bien que respalden un punto de vista opuesto al de sus conciudadanos. Pero está muy mal que sean cómplices de una irrupción desubicada en una ocasión de especial solemnidad y así debe señalarse ante la ciudadanía.
Lamentablemente, existen pocas esperanzas de que algún atisbo de buen sentido persista en quienes siguen su campaña ignorante pese a todas las evidencias y no admiten otra salida que la imposible relocalización de la planta. Sería bueno entonces que las autoridades uruguayas tomaran medidas para atajar a los provocadores en la frontera -la oficina de Migraciones en Fray Bentos puede identificarlos- e impida de todos modos que perturben la fiesta cívica uruguaya. También la Policía debe estar preparada para impedirles el más mínimo desborde, si es que llegan a la plaza Independencia, comprometiendo además a las fuerzas de choque para evitar que la legítima reacción del pueblo uruguayo pueda resultar en algún problema con la integridad de los provocadores. Las autoridades argentinas, por su parte, les harían un gran favor a las buenas relaciones entre ambos países si, a su vez, impidieran el viaje de los provocadores.
En fin, el episodio de la oposición a la fábrica de celulosa de Fray Bentos tiene ya contornos poco creíbles, no solamente en el nivel inmoderado de los propios piqueteros sino mucho más allá. Cualquier observador desapasionado podrá advertir con asombro que el diferendo con Uruguay por la pastera, durante ya más de tres años, ha consumido mucha más tinta en los diarios argentinos, mucha más saliva de los gobernantes del vecino país y mucho más espacio en los medios electrónicos de allende el Plata que el diferendo con el Reino Unido por las Islas Malvinas. Y en estos días, Gran Bretaña inicia una exploración en busca de hidrocarburos en lo que es -también para el sentir de los uruguayos- plataforma continental argentina.
Los reflectores de la atención pública del vecino país, no obstante, siguen apuntando a reclamos y protestas que son nimios comparados con el eventual despojo de una riqueza petrolera. Pero resulta claro que los piqueteros de Gualeguaychú les harían un mejor favor a los intereses de su patria llevando su protesta y sus reclamaciones a Puerto Stanley y no a Montevideo. |
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