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Adicciones: lo urgente es legislar
sobre la amenaza de a la pasta base
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tamaņo |
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La sociedad uruguaya siente como uno de los desafíos del futuro inmediato encontrar soluciones para el combate a la pasta base y la rehabilitación de los adictos, en su mayoría muy jóvenes, a la mortal droga. El tema está a estudio de una comisión especial de la Cámara de Representantes en la que se advierte -ver Ultimas Noticias de ayer- que los legisladores se proponen producir una suerte de compendio que abarque a todas las adicciones. Pero ese camino
está lleno de discrepancias y lo urgente es ofrecer nuevas herramientas para el combate del tráfico de pasta base y propender al tratamiento de sus víctimas. Lo más práctico sería dejar todo lo demás para después y abocarse ahora
a buscar consensos sobre el tema que inquieta a todos: la pasta base y su aporte a la inseguridad ciudadana.
Una documentada crónica que publicó ayer Ultimas Noticias puso de manifiesto que existen distancias apreciables entre la posición de distintos legisladores sobre un tema que la opinión pública percibe como candente. Referimos a la política sobre adicciones, que el pueblo señala -y con razón- como un aspecto central del esfuerzo por dar respuesta a los actuales problemas de seguridad ciudadana.
Las discrepancias abarcan distintos temas, desde la internación y tratamiento obligatorio de adictos que representen una amenaza para la sociedad a la viabilidad de liberar el consumo de marihuana, o al menos autorizar el autocultivo. En estas cuestiones hay una infinidad de matices. Y los desacuerdos que se reflejan en la información que brindó este diario no son un buen augurio para la rapidez de un trámite legislativo tan importante por sus eventuales efectos en la vida de la sociedad.
En la Cámara de Representantes se integró una comisión especial para el tratamiento de las adicciones y de ella se esperan soluciones legislativas. Pero es precisamente entre los diputados que se recogieron las opiniones discrepantes, algunas de ellas con un marcado tono descalificador hacia quienes expresan opiniones distintas. No obstante, lo que la gente espera es mucho, y conviene tenerlo en cuenta.
En primer lugar, coincidiendo en esto con la opinión que ha expresado el presidente Mujica, el país tiene en materia de adicciones un tema prioritario: la pasta base. Todos los días la prensa y los informativos de televisión se hacen eco de la violencia que desata esa droga, cuyos adictos no vacilan en utilizar cualquier procedimiento para agenciarse del dinero necesario para la próxima dosis. Y eso sin hablar del drama humano que, en cada familia, representa la presencia de un adicto que empieza por robar a los suyos para satisfacer un vicio infame, que a la vez provoca severos daños en su propia salud.
Si hay tantas discrepancias sobre el problema global, sería hora de que los legisladores, en lugar de comprometer tiempo en el engorroso intento de edificar algo así como un código general de las adicciones, se abocaran a estudiar primero lo más urgente: el combate a la pasta base y la rehabilitación de sus víctimas. Y en esta materia es claro que, desde el punto de vista legislativo, hay mucho por hacer.
En primer lugar, sancionando la venta de pasta base con penas mucho más severas que las que se aplican a otros traficantes. Es claro que se trata de algo distinto: salvo la heroína -al parecer afortunadamente lejos de este país- el consumo de ninguna otra droga resulta en los desbordes de violencia que provoca la pasta base, en otras partes llamada “crack” o “paco”. De allí que no sea lo mismo traficar con otras drogas que hacerlo con pasta base, algo que debe ser reconocido por la legislación y por los magistrados.
Otro aspecto en que el aporte legislativo puede ser muy valioso para el combate del flagelo resultaría de una interpretación del artículo 11 de la Constitución que pudiera habilitar el allanamiento nocturno de las viviendas que esconden una boca de pasta base. Es cierto que la norma fundamental es clara en cuanto a que “El hogar es un sagrado inviolable. De noche nadie podrá entrar en él sin consentimiento de su jefe, y de día, sólo de orden expresa de juez competente, por escrito y en los casos determinados por la ley”. El tema es que resulta muy difícil reconocerle la condición de “hogar”, por más que allí viva una familia, a una vivienda convertida en establecimiento comercial para la venta de esta droga.
El allanamiento nocturno de los locales en los que se trafica pasta base debe ser autorizado, con todas las garantías imaginables -se puede solicitar la intervención judicial, y poner todo el operativo bajo la responsabilidad de un magistrado- pero no resulta sensato que en estos tiempos una disposición que se estableció para amparar los derechos fundamentales se utilice para facilitar un tráfico que agrede seriamente a la sociedad.
El tema de la internación compulsiva debe por supuesto debatirse, pero con ánimo de llegar a acuerdos. En principio, sobre la creación de lugares que sean hábiles para intentar en condiciones de confinamiento la rehabilitación de los adictos que -por ejemplo- hayan delinquido para obtener la droga. Y estos establecimientos deben estar a cargo de profesionales y de agentes de seguridad, para evitar fugas y suministro de drogas a los internados. En el ámbito médico no se oculta que los mejores resultados contra la pasta base se han logrado en comunidades terapéuticas y con la ayuda de otra droga, la marihuana, para calmar el terrible síndrome de abstinencia que provoca el derivado de la cocaína. Sustituir una droga con otra menos peligrosa es ya una práctica aceptada. Y hoy se ha extendido en el mundo el uso de la metadona, un opiáceo sintético, para combatir la adicción a la heroína, la morfina y el alcohol.
Si el autocultivo de marihuana, o su lisa y llana liberación son origen de desacuerdos entre los legisladores, el tema debe dejarse para más adelante. No hay que dejar que lo mejor -una legislación que abarque a toda esta temática- sea enemigo de lo bueno y de lo urgente, que es legislar sobre el combate a la pasta base y la rehabilitación de sus adictos. Porque eso es lo que reclama ya una sociedad que se siente desamparada ante el embate de violencia que desata esta droga. |
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