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Muerte de jóvenes: pérdidas que
reclaman acciones de la sociedad
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tamaņo |
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Informaciones estadísticas que se difundieron ayer en páginas de Ultimas Noticias, dan cuenta de una situación que merece atención prioritaria: accidentes de tránsito, autoeliminaciones y homicidios le cuestan al país inmensas cuotas de dolor y una gran cantidad de vidas jóvenes. Según lo informado por el Ministerio de Salud Pública, el 53% de las muertes de adolescentes y jóvenes (hasta 24 años de edad) obedecen a estas tres causas reunidas. Todas ellas son potencialmente evitables. Un tema que merece análisis, porque la impresión es que en esta materia hay mucho por hacer.
La edición de ayer de Ultimas Noticias denuncia en cifras la verdadera magnitud de dos situaciones que le quitan a la sociedad uruguaya centenares de vidas jóvenes, provocando además en familiares y amigos un cuadro de dolor muy difícil de superar. Es de la naturaleza del hombre el aceptar con resignación la muerte de padres y abuelos. Pero el golpe que causa la pérdida de una vida joven es de tan devastadora intensidad que ni el más fuerte de los temples espirituales puede resistirlo incólume. Y lo peor es pensar que buena parte de esas muertes obedece a causas evitables.
Los datos puros y duros, suministrados por el Ministerio de Salud Pública en el marco de una jornada de reflexión sobre la mortalidad en niños, adolescentes y jóvenes, revela que una buena parte de los decesos en las dos últimas categorías obedece a accidentes vehiculares, autoeliminación y homicidio.
En valores absolutos se indica que entre 2005 y 2009 murieron 2.383 jóvenes y adolescentes uruguayos, más de la mitad de los cuales víctimas de tres causas principales: accidentes vehiculares (22%), suicidio (18%) y homicidio (13%).
En valores absolutos tales porcentajes representan 524 muertes por accidentes de tránsito en el quinquenio considerado (una cada tres días y 12 horas), 428 por autoeliminación (una cada cuatro días) y 309 por homicidio (una cada seis días). Son cifras inquietantes y bien que merecen un análisis profundo de las autoridades para buscar procedimientos que puedan atenuar su doloroso impacto. La mortalidad por estas causas sin duda que puede abatirse. Y una sociedad tan castigada demográficamente como la uruguaya debe tener en cuenta, además de las poderosas razones humanitarias, que cada vida joven que se pierde es otro retroceso en una coyuntura poblacional comprometida.
En cuanto a los accidentes de tránsito es poco lo que puede hacer el Ministerio de Salud Pública, En general, la atención de emergencia es buena en el país, tanto a través de las unidades móviles que prestan los primeros auxilios y trasladan al herido como por la dotación material y humana de los servicios de emergencia de los hospitales públicos y los sanatorios privados.
El gran esfuerzo en esta materia debería recaer en las Intendencias Municipales y en la Policía de Tránsito. Ya a esta altura nadie ignora que hay por lo menos una herramienta que en el mundo ayudó a abatir sustancialmente el número y la importancia de estos accidentes: la libreta de conductor única y la atribución de puntaje a los infractores, de modo de que las faltas cometidas puedan terminar suspendiendo o cancelando la habilitación para conducir. En Uruguay se han manejado varios proyectos, pero todo parece estrellarse contra el celo autonómico de las intendencias, que no han podido lograr acuerdos sobre patentes (desde hace medio siglo) y tampoco parecen estar dispuestas a dejar el tema de la libreta de conducir en manos de la administración central.
En lo que refiere a las autoeliminaciones, de sorprendente frecuencia entre jóvenes de 20 a 24 años, el problema parece estar en la órbita del Ministerio de Salud Pública. Porque lo decisivo es brindar apoyo psicológico a las personas cuya depresión lleva a manejar esta irrazonable escapatoria a sus conflictos. Es un hecho, y ha sido advertido por los mismos médicos, que las salas de emergencia no suelen manejar con soltura los temas psiquiátricos. Tampoco lo hacen las unidades de atención móvil, que a lo sumo aplican sedantes y canalizan estas crisis rápidamente hacia la atención en puerta. De los suicidas fracasados se ha dicho, incluso que son “las ovejas negras de las guardias”, en servicios en los que en muchos casos se carece de un especialista que se haga cargo de un paciente de ese tipo. Una organización que pudiera hacer un seguimiento apropiado de los intentos fallidos sería una ayuda importante para la prevención del suicidio.
Son organizaciones no gubernamentales las que en Uruguay hacen su mayor aporte en el combate al suicidio. La Asociación Último Recurso (0800 84 83) es un buen ejemplo, que tras la atención telefónica inicial brinda un tratamiento personal prolongado. Asociación Rumbos - Dr. Mario Montoro Guarch ofrece durante todo el año dos teléfonos de atención en crisis (02) 613 5711 y 094 020011.
En cuanto a la pérdida de vidas jóvenes por homicidio, se trata de un capítulo más del escenario más amplio de la inseguridad pública y la expansión de la pasta base, temas que reciben hoy una atención prioritaria. Lo cierto es que, tanto en materia de accidentes de tránsito como de prevención del suicidio, todavía puede hacerse mucho por abatir índices que hoy son muy preocupantes. Y salvar vidas es una tarea que gratifica a todos y que es parte del proyecto de un mejor futuro para este país. |
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