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Tabaré Vázquez: ante el relevo
de
un timonel seguro y creativo
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tamaņo |
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Si hay hoy alguna esperanza de que los jóvenes uruguayos puedan incorporarse tersamente al mundo
del conocimiento no será gracias a la educación formal en los establecimientos públicos -a los que llevará años adecuar-, sino a una iniciativa personal del presidente Tabaré Vázquez que tiene vocación de convertirse en histórica: el Plan Ceibal. Aparte, el mandatario que el próximo lunes entregará la banda a José Mujica fue un buen timonel en tiempos de crisis económica, que aquí fue mucho menos importante que en tantos otros países, y alcanzó inéditos niveles de aprobación al fin de su mandato.
El doctor Tabaré Vázquez llega hoy al último día hábil de su gestión como presidente de la República. La prensa ya ha dado cuenta de su despedida del gabinete, emotivamente narrada por Rodolfo Nin Novoa. Y también de la que, en un clima de cordialidad que superó las pertenencias partidarias, le tributaron los integrantes del Congreso de Intendentes. De las muchas que han signado las últimas jornadas de su mandato, la central será el domingo próximo, en la plaza Independencia, cuando el mandatario saliente se dirija a los uruguayos -la prensa señala que a su pedido no se instalarán vallas para separarlo de la gente- y reciba del regimiento de Blandengues, el cuerpo del Ejército responsable de su custodia, la bandera nacional que flameó en los últimos meses sobre la nueva casa de gobierno.
Quien haya puesto empeño en ejercer una responsabilidad, en cualquier ámbito de actividad, al terminar su misión lleva consigo la satisfacción por los logros y la contrariedad por lo que quedó en proyecto. En cuanto a logros, el vagón de Vázquez no es pequeño ni carece de capítulos sobresalientes. Para empezar, el mandatario saliente bien que podría enmarcar y lucir en su oficina la página de Ultimas Noticias que el lunes pasado daba cuenta de un inédito índice de aprobación popular de su gestión, que la exclusiva -y oportuna- encuesta de Interconsult fijó en 61%.
Es obvio que los procedimientos estadísticos viables de análisis de la opinión pública son nuevos y que de modo alguno permiten establecer un comparativo que abarque a los 40 ciudadanos que se han sentado en el sitial que inauguró Fructuoso Rivera por 1830. No obstante, una mirada a los alrededores muestra muy expresivamente la dificultad que tienen los gobernantes para mantener sobre el fin de sus mandatos niveles de aprobación -como ocurre en el caso de Vázquez- muy cercanos a los que se midieron en la llamada “luna de miel” del comienzo del mandato.
El desgaste de los gobernantes es moneda corriente en nuestros tiempos. Y a diferencia de lo que ocurría en el pasado, las encuestas hasta se convierten en un factor de cuestionamiento para la democracia representativa, porque frecuentemente dan cuenta de niveles de desaprobación que deslegitiman a un gobernante y lo desestabilizan. En el caso de Vázquez, empezó rozando el 70% y se va con el 61%. Es decir, cuenta sustancialmente con más aprobación que lo que obtuvo en votos la coalición a la que pertenece. Lo que indica que no solamente aprueban la gestión los partidarios políticos, sino que el mismo sentimiento se derrama más allá de las filiaciones partidarias, por otra parte cada vez menos acentuadas.
Este logro en materia de valoración por parte de la opinión pública puede darle al presidente saliente una gran satisfacción personal. Y le señala a la vez un camino en que no es dable pensar en un retiro de la actividad política para dedicarse a su vocación científica. El hecho tiene, además, la virtualidad de un logro histórico por lo difícil que será para cualquier gobernante futuro superar esa marca.
En cuanto a la posibilidad de que alguna de las realizaciones de los últimos años entre en la historia, cabe apostar que el Plan Ceibal tendrá una segura y muy importante influencia en el futuro del país. Se trató de una decisión personal del presidente, incluso cuestionada en su momento por las autoridades de la enseñanza, de una enseñanza que ha fracasado hasta ahora en aspectos esenciales de la formación de las jóvenes generaciones. Y así resulta que la iniciativa de entregar una computadora a cada alumno de la enseñanza pública aparece como la única esperanza inmediata de familiarizar a miles de niños y adolescentes uruguayos con el mundo del conocimiento en el que tendrán que desempeñarse.
Estos dos aspectos de la gestión que termina resplandecen como especialmente llamativos, por su virtualidad histórica. Pero muchos otros motivos de satisfacción acompañan la retirada. Uruguay capeó sin sobresaltos la crisis financiera internacional, manteniendo niveles de crecimiento excepcionales para ese período en la región. Se inauguraron obras de importancia y la simbiosis de esfuerzos entre las realizaciones públicas y privadas se convirtió bajo su liderazgo en algo digerible para una izquierda con tradición ultraestatista.
En el plano político, Vázquez contribuyó a apaciguar un panorama encrespado en las relaciones con la oposición. Y, por sobre todo, pudo navegar y hacer funcionar al país sobre una interna de la coalición de gobierno poblada de dificultades, ejerciendo un liderazgo que se manifestó sin estridencias y sin abolladuras demasiado notorias en el ánimo de las corrientes que no compartían alguna de sus posiciones. No es un mérito pequeño. Y es también la certeza de que la figura de Vázquez está llamada a cumplir un rol importante en la futura conducción política de la fuerza que volvió a conquistar democráticamente el gobierno, especialmente si se levanta alguna tempestad.
Vázquez se va de la Presidencia, no de la política uruguaya. Y ha probado en estos últimos años que es un buen timonel, del que puede esperarse aún mucho al servicio de los uruguayos. |
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