Alentadores progresos del diálogo
en procura de políticas de Estado

Nuestra opinión

 

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En un verano poco común, las vacaciones no fueron obstáculo para que el panorama político uruguayo fuera generoso en noticias. Una de ellas, quizá no tan publicitada como las designaciones ministeriales o la saga sobre la fiesta del 1° de marzo, fue el buen trabajo de tres comisiones multipartidarias que se han instalado para buscar coincidencias políticas en temas decisivos para el futuro: enseñanza, energía y seguridad pública. Este diálogo ha sido próspero en coincidencias y se ha desarrollado en un ambiente político muy distinto al que caracterizó una época de bloqueos. Conviene una reflexión sobre el tema.

A mediados de enero, en esos días en que habitualmente los periodistas se desesperan por conseguir alguna noticia en el ambiente político nacional, la inminencia del traspaso de la administración convirtió a las tradicionales vacaciones en la oportunidad de una zafra noticiosa. Designaciones ministeriales, adelantos sobre los proyectos del presidente entrante, determinaciones sobre el relacionamiento con la oposición fueron ampliamente cubiertos por colegas a veces sudorosos por efecto del verano intenso o empapados en homenaje a las calientes aguas del Pacífico -la Niña- y lo que son por aquí sus secuelas pluviométricas.

Entre tantas noticias, no se dejó de prestar atención mediática a la instalación de tres comisiones interpartidarias, que tenían -y tienen- por meta el encontrar acuerdos básicos y así edificar políticas de Estado en temas absolutamente prioritarios para el progreso del país. Hablamos de la seguridad pública, de la disponibilidad de energía y de una educación que necesita con urgencia una puesta al día que la pueda rescatar del abismo en el que hoy transcurre.

Contra otra tradición nacional más arraigada aún que la pausa veraniega, esa que convierte a las comisiones en el lugar donde las buenas intenciones duermen un largo sueño poblado de discursos, ha venido ocurriendo que en cada uno de esos ámbitos se han ido logrando acuerdos, desgranados de reunión en reunión por sucesivas crónicas de prensa. Y lo importante, aún más allá de estos pasos con vocación de futuro, es que el diálogo se desarrolla en un ambiente terso, con un ánimo constructivo que contrasta con lo que ha sido el usual encrespamiento del diálogo político en estas latitudes. Como ejemplo de los acuerdos que se van alcanzando, y que sin dudas contribuyen a afianzar una política de Estado, las crónicas de prensa han señalado en los últimos días que la comisión interpartidaria de educación está recomendando una flexibilización de los estudios secundarios de tal modo de habilitar la posibilidad de que los alumnos trabajen y estudien.

De este modo se espera abatir sustantivamente el índice de abandonos, que en Uruguay ha pasado a ser muy importante a nivel secundario. Una mala cifra que se repite a lo largo de los últimos años señala que solamente el 30% de los que ingresan llegan a terminar los estudios de ese nivel. En Chile, el mejor ubicado en la región, el índice de egresos es del 70%. Hay consenso multipartidario en que se deben semestralizar los cursos, aceptar el criterio de otorgamiento de créditos académicos -no se habla de dinero, sino de trabajos y cursos que permiten superar un nivel- y también flexibilizar horarios para consolidar la posibilidad de compatibilizar la asistencia con el cumplimiento de un horario de trabajo.

Otro acuerdo de la multipartidaria de educación que han marcado las crónicas periodísticas tiene que ver con una suerte de relanzamiento de la enseñanza técnica, largamente relegada en un país que no siguió en su momento las ideas de Pedro Figari, esclarecido compatriota que veía en ella un mejor destino para los jóvenes. En materia de energía los informes también son alentadores en cuanto a la edificación de coincidencias multipartidarias, así como de muy civilizado manejo de las discrepancias. Se acepta, por ejemplo, que las tarifas deben reflejar costos efectivos, que se deben reestructurar de modo de dar estímulo al trabajo y a la competitividad, que debe continuar el trabajo multipartidario en torno a la energía nuclear, que deben incorporar 700 MV a la oferta de electricidad. En materia de seguridad pública, otro punto candente, abundaron también coincidencias importantes, como la que se logró en torno a la necesidad de crear una dirección única para la administración de los establecimientos carcelarios de todo el país, de modo de paulatinamente ir retirando esa función del Ministerio del Interior. También se coincidió en la necesidad de incorporar al sistema cárceles de dimensiones contenidas -unos 300 reclusos- y nada menos que en la necesidad de duplicar globalmente las partidas presupuestales asignadas al mantenimiento de la seguridad pública.

Muchas otras coincidencias concretas se han ido alcanzando en las cinco semanas de trabajo que acumulan las tres comisiones. Enumerarlas puede ser importante, pero el gran logro para el país reside en otra parte. Esto es, en la constatación de que el diálogo multipartidario asoma ahora como el comienzo de la superación de muchos años de bloqueo político, de mucho tiempo en que la oposición sistemática estancaba pasos que el país debía necesariamente dar. Este cambio debe ser subrayado. Porque hace mucho tiempo que el encrespamiento en la relación política es un freno para el progreso y para la prosperidad de la gente. Si finalmente se acepta que la propuesta del adversario debe analizarse con racionalidad y no con prejuicios, Uruguay habrá dado un buen paso hacia su mejor futuro.