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Bilateralismo Brasil-Argentina
obliga a buscar otros escenarios
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tamaņo |
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Lula y Cristina Fernández de Kirchner definen como “inéditas” las actuales relaciones entre Brasil y Argentina. Pero desde el punto de vista uruguayo, esa cercanía ha servido para establecer
un bilateralismo que nos excluye. El problema no es quedar al margen de la línea aérea o del ferrocarril que proyectan con el presidente venezolano. El problema es quedar a la intemperie
en materia energética, por lo que conviene ir a buscar otras alternativas, quizá no tan cercanas.
Todos los diarios de la región recogieron en la víspera una foto con las amplias sonrisas y el triple apretón de manos de los mandatarios de Brasil, Argentina y Venezuela, este último recién llegado a Buenos Aires para sumarse a una reunión que ya mantenían Luiz Inácio Lula da Silva y Cristina Fernández de Kirchner.
Desde la perspectiva del Mercosur, esta reunión vuelve a señalar la exclusión de dos de sus miembros fundadores, Paraguay y Uruguay. Y vuelve a dar testimonio de que las principales decisiones sobre el futuro regional se manejan nuevamente bilateralmente entre Argentina y Brasil. Por lo demás, se había proyectado un segundo encuentro en Tarija, Bolivia, que finalmente se frustró ante protestas populares. El mismo estaba orientado a dinamizar acuerdos en materia de energía, y también excluía a un Uruguay que mira desde la lejanía la edificación de políticas regionales en un tema que es vital para el país, como el suministro de gas natural. Algo que en estos días resulta doloroso, y mucho, para la competitividad de algunas empresas uruguayas y para los numerosos clientes del gas por cañerías.
En la actual situación de conflicto con Argentina y con un Brasil prescindente -que así señala la flaqueza de su vocación de líder continental-, no resulta fácil imaginar algún modo de revertir en lo inmediato modos de relacionamiento que son negativos para nuestro país. En temas como el energético Uruguay no tiene demasiado margen para esperar que las soluciones aparezcan por el lado de la integración regional. Lo que obliga, sin descuidar el trabajo diplomático que podría conducir a una mejora, a apuntar a modos de autodefensa de sus propios intereses que incluyen la búsqueda de otros socios, probablemente distantes, pero más confiables.
La última mala noticia en materia de relacionamiento con Argentina la dio la multiplicación de las detracciones al gas que ese país exporta y la negativa de las autoridades de la vecina orilla a dar a Uruguay un tratamiento especial. Según ya lo señaló el presidente Vázquez en la reunión del Mercosur en San Miguel de Tucumán, ante una Cristina Fernández que en ese momento exhibió un rostro crispado, este tipo de detracciones afectan gravemente a las economías de los vecinos, al imponer un gravamen insuperable a las industrias que utilizan la materia prima objeto de una retención. La aplicada al gas, en especial, amenaza a centenares de puestos de trabajo nacionales.
En las semanas previas, Argentina había establecido un canon importante que se sumaba al costo de la energía eléctrica brasileña que llega a Uruguay a través de sus tendidos. Fuera de una pequeña planta de conversión en Rivera - Livramento -la frecuencia es distinta en ambas redes-, Uruguay no tiene una conexión directa con Brasil, lo que obliga a aceptar el no muy amistoso “peaje” eléctrico de Argentina. Algo que también pone en cuestión la posibilidad de utilizar en Uruguay la corriente generada en Paraguay -según ofreció el presidente electo, Fernando Lugo- y que este país vende a precios más que convenientes.
Resulta así que en situaciones de dificultad para el país, como las que surgen toda vez que los caprichos del régimen de lluvias -o más bien, el cambio climático- nos exponen a una larga sequía, no parece sensato esperar que las soluciones lleguen de cerca. Ya se padecen los recortes en el suministro de gas, las detracciones que multiplican el precio y hasta el desperdicio de una inversión -los gasoductos- pensada para recibir grandes suministros argentinos que se frustraron por la política aplicada por el gobierno del país vecino en materia de control de precios, que desalentaron cualquier esfuerzo por reinvertir en nuevas prospecciones.
En la perspectiva de algunos años, Bolivia apunta a aumentar sustancialmente su producción. Un proyecto con bemoles, vistos los problemas que pueden surgir en un país con poca estabilidad política que encara la autogestión de su recursos gasíferos. Aún en el caso de que Bolivia cumpla con este esperanzado proyecto, Uruguay también tendrá a Argentina como intermediario, algo que con un gobierno como el que hoy preside Cristina Fernández, aparece como rodeado de signos de interrogación.
Según las noticias de prensa, en la reunión de Buenos Aires los presidentes de Brasil y Argentina enfatizaron el carácter “inédito” de la estrecha relación actual de ambos países. Algo de lo que los uruguayos podemos dar fe, testigos por decenios de una relación encrespada por las sospechas y la rivalidad. Y habiendo sido nosotros mismos protagonistas de una dinámica “pendular” en que nuestra diplomacia se aproximaba sucesivamente a uno u otro vecino. Más allá de eso, se habría hablado de la posibilidad de un acuerdo para establecer una aerolínea común de los tres países participantes en el encuentro en Buenos Aires, así como la edificación de una vía férrea continental, de Buenos Aires a Caracas.
Se habló de sueños de un futuro regional posible. Del fracaso de la negociación de Doha de la OMC y la posibilidad de que Brasil y Argentina sumen sus potenciales para lograr una mejor negociación. Para Uruguay, excluido, lo único seguro es que conviene buscar sueños en otra parte, si es que se quiere edificar un futuro mejor para nuestra gente. |
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