Una iniciativa dignificante

Nuestra opinión

 

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Se acaba de aprobar una ley que recompone y reafirma los derechos de las personas sometidas a tratamientos sanitarios, así como sus relaciones con los médicos que las atienden.

Entre las innovaciones introducidas se pone especial énfasis en que, previo conocimiento de su situación clínica real, el enfermo tendrá derecho a pedir el cese de dichos cuidados de comprobarse que estos, proporcionados para generar respuestas a patologías muy graves, no aportan ninguna mejoría.

Y así como el enfermo sabrá qué paso estará dando, deberá dejar constancia de ese consentimiento en su historia clínica. Por lo demás, se prohíbe expresamente la eutanasia, una acción diferente a la que se comenta porque aquí no se trata de provocar una muerte piadosa anticipada, sino solo de poner fin a una tecnología inútil y eventualmente costosa.

Como señaló el presidente de la Comisión de Salud Pública del Senado, Alberto Cid, estos aspectos también son éticos. Comprometen tanto a los pacientes como a sus tratantes en torno al porqué de actos médicos que, se sabe, no producirán ningún resultado positivo. Desde este punto de vista, no hay duda de que el texto legal -al que solo falta la sanción del Ejecutivo- es un avance clínico y social.

Pero importa, sobre todo, desde el ángulo de la dignidad de la persona tratada, a la que se reconoce el derecho a elegir, para un momento muy trascendente, el entorno menos agresivo que pueda hallar. En esto también es un logro.