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Escasez de lluvias le ajusta el
cinturón al consumo eléctrico
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tamaņo |
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Cuesta creer que la temperatura del agua del océano Pacífico resulte en sequía en Uruguay y en desastres climáticos en otras partes. Pero las pruebas están a la vista y ahora se pronostican quince días más sin lluvias y sin agua para alimentar las represas hidroeléctricas, que son las únicas que aquí proporcionan energía abundante y barata. Especialmente, cuando los vecinos tampoco tienen resto para vender excedentes. Son necesarias medidas de fondo, pero en este momento el único camino es el del mayor ahorro de energía, un esfuerzo que beneficia al país y achica los gastos de cada hogar.
En un mundo que parece estar inaugurando nuevos patrones climáticos, un cambio en la temperatura de las aguas del océano Pacífico condena a Uruguay -por lo menos en la cuenca de las represas hidroeléctricas- a una larga sequía. Los pronósticos actualizados prevén quince días más sin lluvias en una región decisiva para el bienestar de todos los uruguayos, amenazados por restricciones en el suministro de energía eléctrica y por la necesidad de levantar una factura a la vez gravosa para el país y para toda su gente, en razón del multiplicado consumo de combustibles fósiles. No es la desgarradora tragedia del ciclón en Birmania, pero las ráfagas del cambio climático se hacen notar bajo el nombre de “La Niña” y también nos sacuden. Y le imponen a todo el país el desafío de lograr un sustantivo ahorro de energía.
Hasta ahora, con resultados que no fueron buenos en un principio, el esfuerzo por ahorrar energía se había hecho obligatorio solamente en la administración pública. Pero la persistencia de un otoño sin lluvias conduce a una extensión de las restricciones al ámbito privado, en el que desde ahora se limita severamente la realización de espectáculos públicos nocturnos al aire libre y se procura establecer acuerdos con grandes consumidores comerciales -shoppings y supermercados- de modo de obtener un sustancial ahorro en iluminación. Informaciones de prensa van más allá y auguran que el próximo lunes, en ocasión del usual Consejo de Ministros, se aprobarán un conjunto de medidas obligatorias en el ámbito privado, incluyendo la prohibición de despliegues de iluminación en fachadas, vidrieras y cartelería exterior de los comercios.
Con ser importante el ahorro que puede obtenerse con las medidas dispuestas, es interés de todo el país que sea acompañado por un especial esfuerzo para lograr un abatimiento del consumo eléctrico en los hogares. Algo difícil en momentos en que comienza a acercarse la temporada de fríos intensos, pero la empresa debe concitar un esfuerzo colectivo a todos los niveles. Este es un buen momento para que, en medida de las capacidades de cada hogar, se opte por la iluminación con lámparas de bajo consumo, en lugar de las incandescentes que son de uso habitual. Este cambio puede resultar en un ahorro sustantivo en la energía que se aplica a la iluminación doméstica, en tanto el consumo de las fluorescentes compactas es un 20% del de las comunes. Esa diferencia permite que el mayor costo inicial de este tipo de artefactos se amortice muy rápidamente gracias a la diferencia de consumo.
En otros artefactos también se pueden lograr ahorros importantes explotando la mayor eficiencia de nuevas tecnologías. En materia de estufas, por ejemplo, surgen diferencias muy grandes, porque las viejas estufas radiantes o de rulos tienen un consumo muy alto, mientras que las llamadas “bombas de calor” -el procedimiento de generación de calor utilizado por la mayoría de los acondicionadores de aire de dos cuerpos- son mucho más eficientes. El uso de acondicionadores de aire alcanzó cierta difusión gracias a una evolución favorable de los precios y su mayor eficiencia como proveedores de calor debiera ser explotada por todos sus poseedores, que en ocasiones utilizan este instrumento solamente en verano y aplican medios menos eficientes a la calefacción de ambientes.
En inteligentes iniciativas, algunos comercios y centros comerciales están utilizando lámparas de bajo consumo como premios en sus iniciativas para promover la fidelidad de los clientes. Se trata de una idea muy favorable, especialmente habida cuenta que las lámparas de este tipo no son todavía ampliamente conocidas por la población, a la espera de la llegada de las que regalará UTE. Y habida cuenta, también, que los mecanismos más fáciles para lograr un ahorro son siempre aquellos que no significan un sacrificio en las prestaciones. Y tales lámparas significan la misma luz con menor consumo y menor gasto.
El lunes, con las decisiones que adopte el Consejo de Ministros sobre este tema y la ya segura segunda instancia del esfuerzo por ahorrar energía, se estará, además, a un solo paso del ahorro compulsivo a través de los cortes programados. Esta es una instancia que nadie desea, pero que las difíciles circunstancias -sumadas a la escasa disponibilidad que también afecta a los países vecinos- pueden llegar a imponer de no existir un consistente esfuerzo de toda la población. Es lo que hay que evitar, por sobre todo precaviendo cualquier desperdicio inútil: luces prendidas en cuartos vacíos, estufas que se olvidan, computadoras prendidas día y noche sin ningún sentido, calefones provocando un gasto permanente cuando solo se usan por la mañana. El cuidado de todos estos aspectos será esencial para prevenir mayores dificultades para el país. Y este ahorro que beneficia a todos, significará de paso un aporte valioso a la economía de cada hogar al achicar una cuenta mensual cuya tendencia es creciente como resultado de la generación con combustibles fósiles. |
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