Sigue vigente el drama carretero

Nuestra opinión

 

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El vuelco de un ómnibus de pasajeros a la salida de Durazno replanteó brutamente el drama de las carreteras uruguayas.

Tres muertos y treinta heridos fue el saldo de un accidente motivado por la brusca maniobra que debió ensayar el conductor para evitar embestir a un motociclista en una ruta que, por lo demás, estaba mojada por recientes lluvias.

La crónica policial, con su inevitable crudeza, volvió a poner sobre el tapete el hecho de que nuestro país no puede quitarse de encima un saldo anual casi permanente de 600 muertos en accidentes de tránsito.

Es una cifra que duele a todos y representa un porcentaje elevado si la visualizamos con relación a la población.

Pero es una realidad que debe pesarnos doblemente si atendemos al hecho de que las autoridades viales, tanto municipales como nacionales, están advirtiendo continuamente sobre la necesidad de conducir con prudencia, de no practicar maniobras arriesgadas y sobre todo -para ello se toma la prueba de alcoholemia- de no manejar después de la ingesta de alcohol.

Las encuestas insisten en dictaminar que la mayor parte de los accidentes nacen en la imprudencia del conductor, lo cual aún no se ha determinado en este caso.

Más allá de este hecho puntual y de que la gran mayoría de quienes manejan es prudente, no queda otra solución que continuar educando y a la vez sancionando con severidad a los transgresores.