Una cifra para tener en cuenta
hoy: 6.733.867.928 habitantes

Nuestra opinión

 

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Hoy se celebra el Día Mundial de la Población. Y la excusa es buena para repasar la evolución demográfica del planeta y reflexionar sobre el neomaltusianismo que considera catastrófico el aumento del precio internacional de los alimentos, algo que también puede verse desde el punto de vista de los productores agraviados desde hace decenios por barreras y subsidios de los países ricos. Pero lo más importante es advertir que Uruguay se achica y envejece en su demografía, una tendencia que se debe enfrentar lo antes posible con contramedidas.

La oficina del censo de los Estados Unidos publica diariamente en internet un estimado de la población mundial. El dato de hoy, 11 de julio de 2008, es el que se señala en el título de esta nota y que por economía de palabras conviene mentar aquí con algún redondeo: casi 6.734 millones de personas. En todo caso depende de la hora, ya que diariamente se suman a la población del mundo 6.773.373 nuevos habitantes -es la diferencia en más a partir del valor de ayer- y eso equivale a 282.223 nuevos pasajeros del planeta en cada hora y a unos 4.700 por minuto. En realidad, los nacimientos son más, ya que lo que se pretende ilustrar es la diferencia entre los recién nacidos y quienes terminan sus días en la misma jornada. No hay ningún temor de que parteras o ginecotocólogos -lamentablemente, tampoco los sepultureros- se queden sin trabajo.

La abundancia de cifras se justifica por un motivo atendible: hoy se celebra el "Día Internacional de la Población", instituido en 1989 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo a fin de atraer la atención de la gente sobre los importantes problemas que se vinculan con la población y abogar tanto por la libertad de elegir el número de descendientes como por el ejercicio responsable de este derecho. La fecha se eligió sobre la base de otra estimación, que hizo recaer en el 11 de julio de 1987 la jornada en que los habitantes de la Tierra superaron los 5.000 millones. En veintiún años, el planeta sumó más de 1.700 millones de inquilinos adicionales.

Distintos comentarios poblarán la prensa mundial con motivo de la conmemoración. Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas, dio a conocer una declaración alusiva en la que expresa su preocupación por el cumplimiento de una de las "metas del milenio", que precisamente se relaciona con la mejor atención de la salud materna. El jerarca de la organización mundial sostiene que este es uno de los aspectos en los que menos se ha progresado. Y afirma que el porcentaje de mujeres que mueren al dar a luz sigue siendo el indicador más patente de la disparidad entre ricos y pobres, tanto dentro de un país como en la comparación entre países.

A la vez, se puede pronosticar que con motivo de esta fecha surgirá algún enfoque de tono maltusiano que aluda a las penurias que una población creciente puede experimentar en una época en que los precios de los alimentos han tenido un repunte importante. El enfoque maltusiano es uno de los lugares comunes de estas conmemoraciones, porque invariablemente se pone en duda la posibilidad de que el planeta siga sosteniendo a una población que crece a ritmos acelerados. Estrictamente, el economista inglés sostuvo que el crecimiento de la producción de alimentos era aritmético, mientras que el de la población es geométrico. De lo que a la vez se desprende la posibilidad de una "crisis maltusiana" desencadenada por la escasez.

Aseveraciones paralelamente pesimistas siguen publicitándose hoy. Pero ahora apuntan a frenar el crecimiento en el precio de los alimentos. Es una política que puede tener buenas intenciones, pero que en los hechos también agrede a muchos postergados, como los países productores de alimentos -Uruguay es uno de ellos- y a los millones de campesinos desde hace mucho tiempo castigados por las políticas proteccionistas de los más poderosos y los subsidios que les niegan competitividad en el mercado internacional, y hasta dentro de las propias fronteras. Ello, cuando es claro que la producción de alimentos, como cualquiera otra imaginable, se multiplica hasta mucho más rápido de lo previsto por Malthus, ni bien sus responsables reciban una retribución apropiada.

Al hablar de población en estas latitudes, no es posible eludir una referencia a la situación uruguaya, tan lejana a preocupaciones maltusianas. Como sucede en algunos países del primer mundo, los índices uruguayos de natalidad son bajísimos. La población envejece y la persistente voluntad emigratoria de los jóvenes está al borde de marcar una evolución negativa. Este es otro de los grandes temas que merecerían una atención prioritaria, no solo de las autoridades, sino también de todos los uruguayos.

Primero, como dato para promover un baño de humildad, cabe establecer que la población uruguaya en 2008, según la estimación del Instituto Nacional de Estadística es de 3.334.052 habitantes. Lo grave es el dato de que entre 2007 y 2008 aparentemente solamente crecimos en 10.000 habitantes. En otras palabras: nos estamos haciendo más chicos y más viejos. Y que emigren 14.000 jóvenes en seis meses es una pérdida enorme para el futuro del país.

Estos son los temas de población que más deben preocupar a los uruguayos. Sin jóvenes, no hay futuro. Sin un gran aporte de nuevos trabajadores, los sistemas de seguridad social tambalean. Y existen medios eficaces para al menos intentar un combate del problema. Y uno de ellos, sin dudas, es procurar que las cargas impositivas no castiguen a las familias numerosas. Algo que sería bueno comenzar a aplicar lo antes posible.