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Los controladores afectan el
futuro aeroportuario del país
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tamaņo |
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El conflicto de los controladores aéreos está imponiendo una pesada carga sobre las compañías aéreas que todavía operan en el aeropuerto de Montevideo y sobre todos los viajeros que utilizan la primera terminal aérea del país. A más de cuarenta días de la aplicación de medidas gremiales que retrasan vuelos y provocan la pérdida de conexiones, ya no se trata solamente de atenuar las molestias que se le causan a un pasajero para que el descontento gremial se haga manifiesto ante la opinión pública. El tema es ahora el enorme daño que el largo conflicto le está causando al país y al proyecto de ofrecerle a la región una terminal aérea moderna, convertida en eficaz centro de distribución de viajeros.
Como ocurre con las gremiales de profesores, que invariablemente visten a sus conflictos con el ropaje de la lucha “por recursos para la educación” -cuando lo único seguro es que el conflicto no se va a resolver con más aulas o mejores libros-, los controladores aéreos lanzaron su reivindicación reclamando más sistemas de seguridad para el control de vuelo y -por supuesto- mejoras salariales sustantivas, que son el verdadero obstáculo para una solución. Tiene lugar en días en que la última Rendición de Cuentas con posibilidades de aumento en las retribuciones carretea en pistas parlamentarias y sin demasiadas posibilidades de reabastecimiento.
La medida aplicada por los controladores es una suerte de trabajo a reglamento según el cual no atienden más que un avión cada 10 minutos. Es una medida que tiene apariencia casi inocente, pero en los hechos ha provocado graves demoras para los pasajeros y las compañías, convirtiendo la hora de llegada a Carrasco en una suerte de arcano y a las conexiones a partir de vuelos que tocan dicha terminal en una probabilidad muy esquiva. No son temas menores, porque estos atrasos pueden significar gastos muy considerables para las compañías aéreas en combustible y en atención a los pasajeros que pierden conexiones y deben ser alojados a costo del transportista. Ni qué hablar de lo que cuesta la propia disponibilidad del avión, comprometida por atrasos que en algunos casos han sido de varias horas.
Hace algunos días, un comunicado de las líneas aéreas internacionales señalaba los efectos que estas medidas pueden tener en la decisión de seguir haciendo escala en Carrasco. En la antevíspera, el comunicado fue de Pluna, primera víctima del diferendo en razón de que se trata de la empresa con más operaciones. Según lo expuesto por la compañía, la medida de los controladores ha afectado a 437 vuelos y a 28.000 pasajeros, con demoras que fueron en promedio de 65 minutos. Para una empresa que abre una nueva etapa y basó su política comercial en la posibilidad de asumir el papel de línea de conexión al servicio de varias ciudades de la región, no puede pensarse en una circunstancia más desfavorable.
Más allá de la situación de Pluna, cabe también pensar en lo que es y ha sido el esfuerzo por darle un nuevo rostro al Aeropuerto de Carrasco. Actualmente en obra, la nueva terminal tiene también la vocación de convertirse en una herramienta para manejar las conexiones en toda la región. Y, por supuesto, apuesta a aumentar el flujo de pasajeros de un modo sustantivo. A un costo multimillonario, los uruguayos ya solventamos una nueva pista. Y, por más que se trate de una concesión, ya estamos pagando con tasas de embarque el costo de la nueva terminal, que significará una de las más notables mejoras para la imagen nacional y el turismo, sustituyendo la penosa impresión de aeropuerto pueblerino que daba la llegada al viejo Carrasco, tan alejado como estaba de parecer la terminal aérea de una ciudad capital.
En los últimos años, ha habido en la región varios conflictos de controladores aéreos, el más notable de los cuales afectó por muchos meses a Brasil. Sin pensar que la virulencia gremial sea contagiosa, cabe indicar que el apetito por operar en Campinas o Guarulhos, los aeropuertos de San Pablo, conmueve a las compañías aéreas bastante más que los más bien escasos potenciales clientes nacionales de la terminal montevideana. Es probable que durante el largo conflicto brasileño nadie haya pensado en dejar de hacer escala en la más grande de todas las ciudades de la región. Aquí es obviamente distinto. Y de las muchísimas compañías internacionales que solían operar en Carrasco, las que hoy todavía lo hacen se cuentan con los dedos. Sería suicida perder de vista este hecho, precisamente cuando el país invierte en mejorar su primer aeropuerto y la compañía de bandera se esfuerza por adquirir aviones y asumir un nuevo perfil propio en el negocio aeronáutico.
Como todos los derechos, los relacionados con la actividad gremial no son ilimitados. Como puede ocurrir con los policías, una huelga de controladores aéreos afecta la seguridad de este tipo de comunicaciones. Y las medidas gremiales que hoy se llevan a cabo resultan en una grave afectación de los derechos de los pasajeros, a los que se está sometiendo a nacionales y visitantes a una especie de prisión temporaria en la cabina de los aviones o en la sala de embarque, a la espera de que los controladores de Montevideo anuncien una hora en que recibirán el vuelo del que se trate. Es mucho lo que está en juego y no parece descabellado que en el ámbito oficial se considere la posibilidad de declarar la esencialidad de servicios que sin duda son vitales para el país. |
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