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Veredicto del pueblo soberano
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tamaņo |
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En un plebiscito que los observadores coincidieron en caracterizar como ejemplar, los bolivianos ratificaron ampliamente al presidente de la República, Evo Morales, así como a cuatro de los prefectos de los departamentos en los que con más vigor se manifiesta la oposición al primer mandatario.
La instancia implicaba un riesgo institucional cierto. Estaban en juego nada menos que la presidencia y la titularidad de las regiones en las que se concentra la mayor parte de los recursos del país, sobre todo el gas natural, hoy uno de los puntales de la economía boliviana.
Desde el punto de vista del mapa político, nada ha cambiado en Bolivia: tanto el presidente como los prefectos permanecen en sus puestos y seguirán sustanciando, desde sus respectivos lugares, los acuerdos o controversias que el libre juego de las instituciones sugiera o genere.
Lo que realmente importa, en las presentes circunstancias, es que aspiraciones de singular trascendencia se dirimieron sin incidentes y en un marco de amplias libertades. La jornada del domingo, por sobre los juicios puntuales que siempre son posibles, puso sobre la mesa el saldo de un veredicto popular soberano y la preservación de este orden institucional hasta que las normas constitucionales, en los plazos previstos, abran nuevas instancias. Y los países del Mercosur, que necesitan de un suministro fluido del gas boliviano, han obtenido con estos resultados una garantía adicional de estabilidad. |
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