Funcionarios del Casmu debieran
mantener la asistencia a afiliados

Nuestra opinión

 

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Los afiliados al Casmu son las víctimas absolutamente inocentes de la situación planteada en la institución, algo que tiende a agravarse como resultado de medidas gremiales destempladas mientras se negocia una solución. Es claro que el atraso en el pago de sueldos no es un factor que contribuya a iluminar a los dirigentes de un sindicato combativo. Pero debiera advertirse que el cartel “Afcasmu en Lucha”, casi permanente en la vida de la institución, ha contribuido a ralear sus registros sociales y puede significar su vaciamiento en el caso de que se abra el “corralito”. Hay muchos otros lugares en que la atención es continua.

El Centro de Asistencia del Sindicato Médico del Uruguay (Casmu) es la mayor institución de asistencia médica colectiva del país. Hoy cuenta con más de 250.000 afiliados y 7.000 funcionarios en planilla, de los cuales el 48% por ciento son médicos o practicantes. Cuenta además con varios sanatorios y policlínicas y con una organización para la atención de emergencias. Datos elocuentes que no solamente sitúan al Casmu como importante prestador de servicios asistenciales, sino que lo ubican como una de las primeras fuentes de empleo del país, cualquiera sea su giro. No se trata solamente de una gran institución médica sino de una de las grandes empresas nacionales.

Esa gran empresa está hoy en dificultades serias. Ha acumulado una importante deuda, que se estima en 90 millones de dólares, y mensualmente suma importantes valores a un déficit que exige -desde hace ya mucho tiempo- una rigurosa reestructura. En la instancia actual parece haberse encaminado un paliativo gracias a la decisiva colaboración del gobierno. La solución prevista se apoya en dos pilares: las autoridades facilitarán la constitución de un fideicomiso que se haga cargo de la deuda, para cobrarla luego en condiciones compatibles con la subsistencia de la institución. Y además, harán posible el otorgamiento de un préstamo puente que cubriría el déficit de gestión hasta que se complete la seguramente compleja creación del fideicomiso, para cuya constitución se piensa en el empleo de fondos acumulados por las Afap.

Las columnas informativas de Ultimas Noticias han detallado exhaustivamente ese proceso. Y también lo hacen hoy, cuando parecen haber surgido algunos obstáculos en el camino de la negociación entre las autoridades del Casmu y del Sindicato Médico con los representantes del gobierno. Y a la vez aparecen graves amenazas en el terreno gremial, hasta con voces que se alzan en favor de una huelga que obligue a desviar hacia los hospitales públicos a los pacientes de la organización asistencial en dificultades.

Aún reconociendo que la inquietud por el atraso en el cobro de las retribuciones no ayuda a los funcionarios a generar una reflexión madura sobre el proceso que vive el Casmu, parece conveniente señalar aquí que la dirigencia gremial de la Asociación de Funcionarios debiera repensar su papel en la salida que buscan el gobierno y las autoridades gremiales de los médicos. En las circunstancias actuales están en juego temas esenciales para el futuro de esta institución asistencial. Y está en los funcionarios el generar nuevos boquetes bajo la línea de flotación o realizar verdaderos aportes a una solución que indudablemente exigirá generales sacrificios. El tema no es señalar culpas, sino responder a realidades: mes a mes se suman al déficit cifras que no es posible sostener.

En especial, sería muy recomendable que los funcionarios adviertan que las medidas de lucha que afecten la atención a los afiliados son perfectamente negativas para sus propios intereses. Si en el Casmu hay gente que no tiene ninguna responsabilidad en la situación actual son precisamente los afiliados, que en el caso siquiera tienen voz o voto en la administración del centro. Someterlos nuevamente al vía crucis que representa la falta de atención médica para cualquiera que la requiere es agregar otra palada de tierra sobre el féretro de la fuente de trabajo.

El pertenecer a una organización de grandes dimensiones muchas veces hace perder perspectivas que debieran estar siempre presentes. Suele surgir la fantasía de que esas organizaciones son eternas y a prueba de cualquier desarreglo. Así el Casmu, por muchos años, ha tenido en sus entrañas al más combativo de los gremios en el sector de la salud. Tal cosa seguramente le ha significado a sus funcionarios algunas concesiones, pero también ha erosionado gravemente su masa social: nada mejor que el omnipresente cartel “Afcasmu en Lucha” para espantar a los afiliados, que obviamente rechazan todas las demoras y desean que el que les aplica una inyección o les saca sangre esté de buen humor y no en el medio de un conflicto.

En los medios vinculados a la salud se afirma que el famoso “corralito” mutual, que impide a los afiliados pasar libremente de una institución a otra, se ha sostenido más allá de todo lo razonable nada más que para evitar la estampida de afiliados al Casmu que se produciría al levantarlo. No porque la entidad no tenga medios para atender muy bien a sus pacientes, sino porque el “Afcasmu en lucha” perturba tanto la atención que es preferible ir para cualquier otro lado. Onda tenía los mejores ómnibus y la única red de servicios que abarcaba a todo el país. También tenía un sindicato combativo y clasista, que entraba en conflicto en cada semana de turismo o en la proximidad de cualquier período de vacaciones. Fue así como entró en la historia.

Los funcionarios del Casmu debieran entonces reflexionar sobre su mejor papel en esta difícil situación. Debieran advertir que seguramente están en condiciones de hacer un aporte constructivo para el salvataje del Centro. Deben, también, manejar exclusivamente aquellas medidas de lucha -son muchas- capaces de comunicar sus puntos de vista sin alterar la atención de los afiliados. Porque lo contrario terminará por vaciar los cuadros sociales ni bien sea posible afiliarse en otra parte. Y ahí ya no habrá ninguna medicina capaz de devolverle la salud a una entidad asistencial que tuvo un gran desarrollo a partir de su fundación, en 1935 por algunos de los pioneros del gremialismo médico nacional.