Nuevo ministro de Economía,
pero continuidad de políticas

Nuestra opinión

 

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Todo Uruguay es testigo de una sucesión tersa y sin sobresaltos en el ministerio que tiene a su cargo el decisivo rol de velar por la economía del país. Álvaro García anuncia la continuidad de las políticas implementadas por Danilo Astori, que regresa al Senado como precandidato presidencial, ofreciéndole al mercado garantías de solidez en su desempeño. Pero la situación internacional favorable que se vivió en los últimos años ya no es la misma y obliga a vigilar el frente fiscal.

El 15 de setiembre, el contador Álvaro García Rodríguez asumirá como ministro de Economía y Finanzas. Hasta hace un tiempo presidente de la Corporación Nacional para el Desarrollo, García alcanzará esa desafiante responsabilidad precedido por una trayectoria privada en la que desempeñó cargos de nivel ejecutivo en varias empresas de gran porte y por una actividad académica también destacada, actuando como profesor en cátedras de la Universidad de la República y de la Universidad ORT.

Aunque el nombre de quien relevará a Danilo Astori ya era generalmente conocido por la opinión pública, el anuncio oficial recién se concretó en la antevíspera, terminada la habitual reunión del Consejo de Ministros. En esa oportunidad, el presidente de la República, acompañado por Astori y su sucesor, dio cuenta de su decisión a los periodistas presentes y García enfatizó su propósito de mantener las “grandes líneas macroeconómicas” que caracterizaron la gestión de su antecesor.

Según era el claro propósito del gobierno, se le ofreció al mercado la imagen de una sucesión sin sobresaltos en la secretaría de Estado con responsabilidad directa en la marcha de la economía, brindando así las seguridades que son esenciales para la planificación futura en el ámbito empresarial. De todos modos, no puede dejarse de comentar que distintas circunstancias de la coyuntura auguran que el muy favorable contexto internacional que acompañó la gestión de Danilo Astori está perdiendo parte de las ventajas que en los últimos años afirmaron un firme crecimiento de la economía uruguaya.

En los últimos meses, la economía norteamericana perdió buena parte del dinamismo que durante tantos años alimentó el comercio mundial, mientras algunos observadores prevén directamente una recesión que se prolongará por varios trimestres. El mismo fenómeno se comienza a señalar en la Unión Europea, donde algunos países ya experimentan severos retrocesos.

A la vez, y sin que pueda aún señalarse que se trata de la irrupción de una tendencia que se sostendrá en el futuro, las últimas semanas dieron cuenta de una caída importante en los precios de los llamados commodities, las materias primas que componen buena parte de las exportaciones nacionales y cuya sostenida demanda explica el crecimiento del PIB tanto en Uruguay como en las demás economías de América Latina. Según algunos observadores, esa caída alcanza al 20% y está llamada a tener repercusiones desfavorables en los balances del intercambio, especialmente si se verifican nuevos ajustes a la baja.

En el capítulo de los factores internacionales desfavorables también hay que anotar la situación de nuestros vecinos de la otra orilla del Plata, que en medio de la gran bonanza agropecuaria igualmente han conseguido edificar una coyuntura potencialmente explosiva, con ficciones en los precios internos aderezada por la caída de la popularidad del gobierno y sentimientos de inestabilidad que han hecho carne en buena parte del empresariado -y de la gente- a partir del enfrentamiento entre la Casa Rosada y los gremios del agro, episodio en que los desaciertos terminaron por herir severamente la imagen de la administración.

Y mientras se esperan las consecuencias de un sinceramiento de la economía argentina, que algún día inevitablemente llegará, desde el vecino país se sigue agrediendo económicamente a Uruguay. Las detracciones al gas son uno de los más recientes ejemplos. Pero también tenemos la cobranza de un peaje importante por transportar la energía que Uruguay puede comprar en Brasil y el efecto general de todas las detracciones, que son severamente dañinas para cualquier industria uruguaya que trabaje con las mismas materias primas que la industria argentina compra a precios subsidiados y la uruguaya a precios internacionales. Y ya a esta altura, con las pruebas ya evidentes de que Botnia no contamina, Argentina sigue tolerando el corte del puente de Fray Bentos, con los perjuicios que ello causa a Uruguay.

Puertas adentro, la economía uruguaya muestra un fuerte crecimiento del producto, aunque presenta algunos síntomas que es necesario vigilar con especial atención. Uno de estos aspectos es la caída de la competitividad de alguna parte de nuestra producción, tema muy vinculado con la muy alta inflación en dólares. Otro, los empujes inflacionarios que se han intentado contener en los últimos meses, pero que siguen presentes como amenaza para la estabilidad uruguaya. Y un tercero, el aumento del gasto público, que en la Rendición de Cuentas que considera el Parlamento es señaladamente importante.

Vaya todo lo señalado para poner de manifiesto que Álvaro García se apresta a asumir el mando de un navío -la economía uruguaya- que aún hoy aumenta su desplazamiento y hasta su velocidad, pero que tiene, en adelante, que manejarse con cuidado, muy especialmente en el frente fiscal. No corresponde más que desearle al nuevo ministro la mejor de las suertes, que en definitiva será la de todo el país.