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Olmert y Abbas hacen optimistas
anuncios sobre un acuerdo de paz
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tamaņo |
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Junto al presidente Sarkozy, los mandatarios de Israel y de la administración palestina realizaron ayer en París declaraciones inusualmente afirmativas sobre la cercanía de un acuerdo de paz que termine con ese largo conflicto. Es una excelente noticia y un gran paso adelante. Pero también aparecen algunos nubarrones, como la posición de Irán -que seguirá fogoneando al terrorismo- y la debilidad de Olmert en la interna israelí.
Pocas noticias pueden resultar tan buenas para la paz del mundo como la posibilidad de que, finalmente, se encamine una salida pacífica para el largo conflicto entre el Estado de Israel y las organizaciones árabes palestinas, hoy representadas por una administración en vías de configurar un Estado nacional. La noticia fue adelantada por el primer ministro israelí Ehud Olmert en París, acompañado por su colega palestino, Mahmoud Abbas, y por el primer mandatario de Francia, Nicolás Sarkozy. Este último fue el promotor del encuentro entre Olmert y Abbas y solamente con el anuncio el presidente galo anota a su favor un importante éxito diplomático.
Los mandatarios de Israel y Palestina habían llegado a Francia para participar en una reunión convocada por Sarkozy -hoy Francia preside la Unión Europea-con la participación de todos los países con ribera sobre el mar Mediterráneo para crear, con 42 participantes, la “Unión por el Mediterráneo” (UPM).
El hecho de que Israel y Siria -formalmente en guerra- se hayan sentado (aunque en ubicaciones distantes) a una misma mesa ya era un acontecimiento que merecía destacarse. Pero hubo aún más: ambos países han iniciado conversaciones indirectas -usando a Turquía como interlocutor- que son el primer acercamiento en muchos años. La reunión mediterránea también significó una reaparición en el escenario internacional de Bashar al-Assad, presidente de Siria, que había estado ajeno por años a los intercambios diplomáticos. En esta ocasión, los contactos entre Israel y Siria fueron canalizados por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, que en París se reunió con ambos mandatarios.
Aunque parcialmente, estos avances y contactos se reflejaron en la declaración final de la reunión, que en realidad tenía el cometido de abordar temas más estrechamente ligados a la situación del vasto espacio marítimo que vincula a los países participantes. La contaminación de las aguas, así como una colaboración en materia de aprovechamiento de la energía solar figuran entre los primeros temas de la agenda de la flamante UPM, que no obstante incluyó en la declaración final algunas frases que aluden a los conflictos en Medio Oriente. Así, resultó que Israel y Siria levantaron su mano -junto a los 40 demás participantes- para asegurar que se comprometen a considerar “pasos prácticos” para prevenir la proliferación de armas nucleares, químicas y biológicas.
La toma de posición más fuerte fue precisamente la de Siria, que sostiene una vinculación directa con Irán y que, de este modo, toma distancia de los esfuerzos nucleares de Mahmoud Ahmadinejad y del Ayatollah Ali Khamenei, presidente y líder espiritual de Irán respectivamente. Dando cuenta de las dificultades que todavía enfrentará el proceso de paz, las noticias parisinas despertaron de inmediato una reacción iraní. Uno de los asesores de Khamenei se apresuró a condenar los contactos de “dos estados islámicos” -Siria y Turquía- con Israel. Publicadas en un periódico que se distribuye en varios países árabes, estas declaraciones decían textualmente que: “Siempre decimos que no hay ningún país llamado Israel en la región. Ese país se llama Palestina. De allí que sea normal que rechacemos cualquier negociación entre estados islámicos con un estado ilegítimo e inexistente”.
El vocero iraní también advirtió que las relaciones entre Irán y Siria “sufrirían un cambio radical” si este país suscribe un acuerdo de paz con Israel.
Las novedades de las últimas horas muestran entonces a Israel y la administración palestina dispuestas a encaminar un acuerdo de paz. Y muestran también a Francia asumiendo una posición de liderazgo en cuanto a la participación europea en un eventual arreglo de este largo y sangriento conflicto, hecho no menor. Hasta ahora, Europa había sido más bien un espectador lejano de los tantas veces fracasados esfuerzos norteamericanos por encaminar un proceso de paz. Y hoy Sarkozy se compromete en una participación decidida: “La Francia que no hace nada traiciona sus ideales, la Francia que asume riesgos es fiel a sí misma”, dijo el mandatario francés en sus declaraciones al fin de la reunión, agregando que “el riesgo mayor es no hacer nada para Medio Oriente, exasperando a los pueblos y aumentando la tensión”.
Un arreglo entre Israel y la administración palestina es un paso importante hacia la paz, pero está lejos de ser un logro completo. Con posiciones como la que se reproducía más arriba no es de esperar que Irán deje de alimentar a las fracciones terroristas o imponer sus propias amenazas sobre la situación regional. La débil posición de Olmert dentro de fronteras, jaqueado por pruebas de corrupción en sus anteriores responsabilidades, tampoco es un factor favorable. El cambio de líderes, como ocurrió con Ariel Sharon, nunca ayuda a estos procesos, porque hay que tejer nuevos lazos de confianza. Pero en París surgieron varias luces de esperanza y quizá la más fuerte sea el compromiso de Francia con la búsqueda de una solución. |
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