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Compra de archivos de Batlle y Pivel
Devoto es un rescate del patrimonio
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tamaņo |
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En su edición de la víspera, Ultimas Noticias dio cuenta de las acciones que realiza el Ministerio
de Cultura para adquirir y depositar en el Archivo General de la Nación los repositorios documentales de José Batlle y Ordóñez y Juan Pivel Devoto. Allí, estos valiosos testimonios de nuestro pasado quedarán al alcance de los investigadores, mientras que el gesto revela una preocupación encomiable por preservar piezas de interés histórico o cultural. Así debe ser, superando actitudes prescindentes sobre bienes culturales que en otras ocasiones han afectado el patrimonio del país.
Un paseo por calles y parques de Montevideo no siempre arroja impresiones demasiado favorables sobre el apego de los uruguayos por los testimonios de su pasado ni por su acervo cultural. Es que están a la vista testimonios muy claros de la depredación de buena parte de los más de 200 monumentos que integran el paisaje urbano, fenómeno que la Intendencia lucha por revertir -incluso con grandes inversiones- y que lamen- tablemente persiste y hasta se ha hecho más virulento en los últimos tiempos.
De allí que resulte en un redoblado motivo de satisfacción el anuncio hecho por la ministra de Cultura, María Simon, en el sentido de que el Estado negocia la compra de dos grandes e importantes repositorios documentales, que comprenden testimonios de decisivo valor sobre el pasado uruguayo. Nos referimos a los archivos de José Batlle y Ordóñez, figura decisiva en la historia nacional del siglo XX, y del historiador y político Juan Pivel Devoto, maestro de una generación de investigadores, destacado docente y escritor.
La ministra Simon hizo el anuncio en oportunidad de informar a una comisión del Senado sobre las partidas destinadas a su secretaría de Estado en la Rendición de Cuentas que espera su sanción definitiva en la cámara alta. En esa oportunidad, señaló que la intención del Estado es la de adquirir ambos repositorios y que se espera un inventario con vistas a evaluar con expertos el costo de cada archivo. Una tarea que no es fácil, en tanto se trata de bienes de incalculable e insustituible valor desde el punto de vista del conocimiento histórico.
La utilidad para los investigadores se multiplica en el caso de que estos testimonios no se disgreguen -como ha ocurrido en otros casos- en ventas a distintos coleccionistas particulares, museos u otras instituciones culturales, incluso del exterior del país. En esta última materia hay que recordar que Batlle y su obra han sido objeto de un destacado interés por parte de especialistas del exterior, como el norteamericano Milton Vanger o el sueco Göran Lindhal, por lo que no puede dejar de tenerse en cuenta la posibilidad de que el acervo, o parte de él, interesen a un centro de estudios universitarios en el exterior.
Uruguay no ha tenido una tradición conservadora en materia de testimonios de su historia. Algo que hasta nos viene de épocas fundacionales, cuando se demolieron la ciudadela y las murallas de Montevideo, acto que probablemente fue políticamente correcto -sirvieron de parapeto para invasores-, pero que hoy priva a la ciudad de los más fuertes testimonios de su origen como plaza fuerte. Y al turismo en el país de la mayor construcción militar española en toda América, mayor aún que Cartagena de Indias.
Se han vivido además épocas en que la construcción de nuevos edificios dio lugar a que la “piqueta fatal del progreso”, según un exitoso giro, se ensañara con decenas de construcciones con valor histórico o testimonial. Así se fueron tantos edificios valiosos, particularmente en la Ciudad Vieja, península proyectada sobre la bahía que fue el espacio fundacional.
Posteriormente, la instalación de la Comisión del Patrimonio Histórico, Artístico y Cultual de la Nación, así como la Comisión de la Ciudad Vieja, fueron dos herramientas valiosas para ir revirtiendo una tendencia muy negativa. Y para buscar soluciones que aceptaran la renovación edilicia, pero preservando características sustanciales de viejas construcciones. El reciclaje dio así lugar a nuevos ciclos de utilidad para edificios que de otro modo pudieron perderse ante la demanda de viviendas o locales.
Precisamente, el entonces presidente de la Comisión del Patrimonio, el desaparecido arquitecto Luis Livni, fue quien propuso al gobierno el celebrar anualmente un “Día del Patrimonio”, el primero de los cuales se realizó en 1995 y rápidamente se convirtió en una de las manifestaciones culturales más importantes del calendario anual. El Día del Patrimonio ha permitido que nuevas generaciones comiencen a apreciar lo que en otros momentos pudieron ver con indiferencia, como simple parte de un paisaje habitual, un hecho formativo que tiene decisiva importancia en la capacidad de interesarse por el pasado.
Cierto es que en esta materia todavía hay mucho esfuerzo educativo por delante. Un buen testimonio es la habitual depredación de los monumentos por una variopinta fauna de antisociales, desde los ladrones de metales a los escritores de grafitos, pasando por algún desaprensivo pintor de publicidad política. Pero hechos como la inquietud expuesta por adquirir estos importantes acervos documentales para que los preserve el Archivo General de la Nación, señala también una actitud de revalorización de los testimonios históricos que cabe saludar. |
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