Debe priorizarse el análisis de
soluciones de infraestructura

Nuestra opinión

 

 Reducir Ampliar Cambiar tamaņo

Muchas energías gasta Uruguay en tomar decisiones sobre temas coyunturales que preocupan en determinado momento a la opinión pública. Pero así como la importación de hortalizas se puede decidir en un momento y no tarda en producir efectos, otros temas, como los de infraestructura, suponen largos períodos de maduración de un proyecto y de concreción de las obras necesarias. Es por eso que conviene darles una señalada prioridad en la búsqueda de soluciones. Uruguay tiene por delante varios temas de infraestructura, los más importantes de los cuales están en el terreno de la energía y del transporte ferroviario.

Suele decirse que lo urgente le quita tiempo a lo importante. Y es así que personas, empresas y hasta países pueden gastar tiempo y energías atendiendo los avatares de la coyuntura inmediata y postergando a la vez algunos temas que tienen la más relevante proyección sobre su futuro. Esa desviación en las prioridades acentúa sus negativas consecuencias en los casos en que lo que se deja de lado no admite soluciones rápidas y requiere obras o procesos inevitablemente largos. Tal es el caso, para un país, de todo lo relacionado con su infraestructura.

Esta reflexión parece oportuna tras leer las informaciones que Ultimas Noticias publicó en su edición de ayer sobre las dificultades que enfrenta el puerto de Montevideo para lidiar con lo que ha sido su señalado éxito en la captación del comercio marítimo regional. Es así que ahora se advierte que varios buques son desviados desde la primera terminal uruguaya a los puertos de Buenos Aires o Río Grande al carecerse aquí de espacio en los muelles o en las zonas destinadas al depósito de contenedores. Según el artículo publicado, el problema afecta principalmente a operadores distintos a los que operan la Terminal Cuenca del Plata, pero igualmente señala que la infraestructura portuaria está llegando a un límite que puede constreñir el desarrollo ulterior de una terminal en rampante crecimiento.

Según las autoridades portuarias, la temporal saturación de recursos portuarios obedece en buena medida a la mejor eficiencia de la gestión y a que las obras de dragado que se han realizado en los últimos tiempos aumentaron considerablemente el calado de los buques que pueden operar, convirtiendo a la terminal en un destino codiciado para navíos que transportan cantidades muy voluminosas de contenedores. En el caso del puerto, afortunadamente, existen proyectos de ampliación encaminados, pero que no estarán operativos hasta fines de 2009 (la ampliación de la playa de contenedores de TCP) o incluso 2010 (el muelle C y sus instalaciones accesorias). Igualmente existe conciencia del hecho que, de mantenerse los actuales niveles de aumento de la carga procesada por la terminal, en 2013 puede producirse un congestionamiento similar, por lo que desde ya conviene ir pensando en nuevos proyectos de ampliación.

Fuera de los inconvenientes que hoy pueden vivirse, y que son acotados, el puerto es un ejemplo de manejo adecuado de las previsiones de infraestructura. Hoy también puede hablarse de una bienvenida puesta al día de los recursos aeroportuarios, con la construcción de una nueva terminal adaptada a los tiempos y a las necesidades de una ciudad capital que finalmente sustituya la deprimente obsolescencia del viejo Carrasco. Pero en otros temas de infraestructura, Uruguay está lejos aún de actuar con una actitud verdaderamente previsora. Uno de los grandes asuntos que se han postergado es el que se relaciona con el suministro de energía eléctrica, algo verdaderamente decisivo para un país que por el momento carece de recursos fósiles y es dependiente de su suministro a precios que hoy son elevadísimos.

Hace ya muchos años y muchas administraciones que Uruguay tiene claro que es una causa nacional el encontrar fuentes de energía que puedan sustituir el suministro hidroeléctrico en el caso de que el régimen de lluvias no sea propicio para el llenado de las represas. Existe también conciencia de que los llamados "medios alternativos" -la energía eólica y la biomasa son los mejores ejemplos- suponen una gran inversión inicial y no rendirán lo suficiente como para saldar una parte siquiera significativa del déficit actual. Es así que existe, desde hace varios años, un cambio de actitud muy generalizado en cuanto a la posibilidad de buscar una opción en la energía nuclear, que hoy tiende a ser aceptada hasta por feroces opositores ecologistas de otros tiempos, en tanto es prácticamente la única fuente significativa de energía que no contribuye al llamado calentamiento global, el más amenazante de los fenómenos negativos sobre el clima planetario atribuible a la acción del hombre.

Es así que en varios partidos se han levantado voces favorables a que el país considere la opción nuclear. Y hasta existen propuestas concretas en cuanto a la derogación de la norma legal -tributaria de los días de la tragedia de Chernobyl- que prohíbe no sólo la generación sino inclusive el uso de esta energía en Uruguay. No obstante, sobre este tema esencial para la infraestructura no ha habido en los últimos años siquiera la decisión de impulsar decisivamente los cambios legislativos que son necesarios para empezar a trabajar.

Otro tema de infraestructura -que se está dilatando más allá de lo recomendable- es el que tiene que ver con el transporte ferroviario. Desde hace muchos años se sabe que el brillante ingreso del país al mundo de la producción forestal significaría un desafío muy grande en materia de transporte terrestre, con el compromiso de toda una red vial que sería sobreutilizada por los camiones de carga. Y que todo recomienda una rehabilitación de las vías férreas que soporten en especial este tipo de cargas de gran volumen. Han transcurrido varias administraciones con esa misma certeza y seguimos esperando la apertura de caminos viables para el renacimiento del ferrocarril.